Existe un amor rojo en Abril Rojo

http://hoy.com.do/image/article/329/460x390/0/A956B05C-03EA-4741-A1EC-6FA330232851.jpeg

Santiago Roncagliolo, Premio Alfaguara de Novela 2006, reconoce que primero escribió por hambre y luego por una necesidad creativa. En “Abril Rojo”, su tercera novela, concebida como “novela negra” por la serie de asesinatos que allí se desarrolla, se descubre también una historia de amor.

POR CLARA SILVESTRE
Joven, apuesto y con presente que quisiera mantener intacto, Santiago Roncagliolo recuerda que en su infancia se veía como un niño raro que leía para alejarse de ese mundo que no le agradaba, donde los conflictos políticos de la época, que desencadenaron en acciones bélicas, crearon una cotidianidad en la que los vidrios de las ventanas debían reforzarse con cintas adhesivas para evitar que reventaran.

Pero a pesar de todo esto, su padre siempre se empeñó en que leyera buenos libros. Más tarde comienza a escribir por insatisfacción, aunque en realidad siempre había querido escribir.

Este joven escritor es periodista, escribe para el diario El País, de España y algunos medios de América Latina. Le gustan mucho los reportajes, le parece que puede hablar mucho de la sociedad contando las historias que tienen.

Ha realizado análisis políticos, historias humanas y crónicas, pues le gusta variar con frecuencia, “el periodismo te mantiene en contacto con las historias y distintas maneras de ver el mundo. Creo que una de las materias primas más interesantes de un escritor son las cosas que conoces de otras personas, las que nos recuerdan y las que vives, y los reportajes te permiten tener un material, aunque no es que escribas de lo que encuentres en los reportajes directamente”.

Roncagliolo considera que su papel es tratar de entender lo que pasa alrededor, de escuchar y tratar de decir lo que entiende, “normalmente nadie está escuchando a nadie y cuando me refiero a no juzgar me refiero a que los intelectuales siempre vamos por la vida creyendo que lo sabemos todo y decimos quiénes son buenos y quiénes son malos, y estamos llenos de frases muy pomposas para explicar nuestras opiniones, y naturalmente, no convencemos a los que tenemos que hacerlo, pero sí convencemos a los que piensan como nosotros, es decir a los que no había que convencer. Me parece más interesante aportar un poco de sentido común en sociedades donde la gente está de un lado o de otro, tratar de construir una verdad que tenga sentido común, una verdad que todos consideren aceptable, pero esa verdad no existe antes, no creo en nada que sea verdad que alguien pueda defender”.

¿Qué puedes decirnos de Abril Rojo?

Es un thriller. Es la historia de un asesino en serie que mutila y descuartiza y decora a sus víctimas con motivo de Semana Santa y el investigador que tiene que descubrir los crímenes, que es un fiscal que hace todo lo posible por no investigar nada de lo que ha estado ocurriendo, algo que es raro en la literatura, pero perfectamente común en América Latina, donde eso es lo que hacen los investigadores.

Hay una historia de amor en la novela. El fiscal Chacaltana es un personaje que no sabe amar, que no sabe cómo se hace eso, y al que se le hace más fácil relacionarse con la gente que está muerta que con la que está viva, porque la gente que está viva te puede engañar, traicionar y abandonar, y a él le ha pasado. En cambio, la gente que está muerta es lo que tu recuerdo quiere que sea.

¿A qué grado te identificaste con el personaje?, incluso entiendo que forma parte de tus vivencias

Sí, yo he trabajado en derechos humanos y he hablado con los personajes de esta novela y con los fantasmas que pueblan esta novela. El fiscal nació un poco de ahí, y al igual que él, he ido descubriendo la ambigüedad moral de la gente. El fiscal Chacaltana cree que es una  buena persona por observar la ley, cumplirla, pero va descubriendo que el mundo que vivía, entre buenos y malos, no es tan fácil de vivir. Que los malos a veces hacen las cosas con buenas intenciones y que los buenos pueden ser crueles en la ejecución de esas buenas intenciones.

¿Por qué siendo persona pacífica escribes de crimen y terror?

No lo sé. Supongo que uno escribe para sacar ese pequeño asesino que todos llevamos dentro. No sé que sería de mí si no escribiese de asesinos en serie.

Por este hecho ¿no podría creer alguien que podrías ser un asesino en serie oculto?

Estaría muy mal oculto, si hice libros al respecto. Si fuese un asesino en serie creo que no escribiría libros de asesinos, escribiría libros de amor o probablemente no escribiría libros. No es fácil matar a la gente en serie. Estaría muy ocupado, Sólo inventárselo ya cuesta mucho trabajo, pero tuve un asesor de cadáveres después de escribir la novela que revisó qué tal estaban y dijo que estaban bien, que eran buenos cadáveres, que él agradecía que canalizase esas tendencias hacia cosas constructivas como la literatura.

¿No consideras que llevar más crimen a través de la literatura sería sobrenatural?

Nos encanta la muerte. Hay pocos temas que nos interesen más que la muerte, es el tema de la mitad de la narrativa y las noticias. Pero no tengo ninguna necesidad de saber quién ha asesinado a quién, sin embargo, los periódicos tienen páginas policiales para casos oscuros de barrios perdidos, porque nos interesa leer quién mata y cómo mata. Lo único que sabemos seguro es que nos vamos a morir, vivimos muy pendiente de ella. La muerte produce prácticas sociales para que finjamos que no nos va a ocurrir.

¿Quienes leen este tipo de historia nunca piensan que podrían ser víctimas de un asesino en serie?

 Pero quizás piensa que podría ser el asesino, no el cadáver. Pero creo que este tipo de novelas los personajes empatan con lados oscuros de nuestras personalidades. No creo que nos gusten los muertos, creo que nos gustan los asesinos; nos gusta pensar que hay un lado oscuro en la mente de las personas que esas novelas dejan salir.

¿En algún momento te has referido a la indiferencia de las personas?

No sé si es indiferencia, creo que no tenemos otra manera de vivir, vivimos rodeados de mentiras, es decir, todos queremos que nos mientan y todos preferimos una mentira piadosa. En la política, los políticos mienten constantemente y sabemos que mienten, pero si dijeran la verdad estaríamos molestos con ellos. Necesarias mentiras constantemente para vivir. Si eres un escritor eres un mentiroso honesto que admite que miente”.