Exploradores mirones

Federico-Henríquez-Gratereaux

Un escritor no está obligado a leer “todos” los libros; sólo aquellos que toquen sus inquietudes esenciales, los que completen o refinen sus propias tendencias íntimas. Para un profesor de literatura es obligatorio conocer los libros concernientes a su disciplina o al periodo histórico acerca del cual deba instruir a sus alumnos. La enseñanza y la escritura son dos tareas radicalmente diferentes. Para los catedráticos son importantes las tablas cronológicas de la creación literaria, los distingos estilísticos entre “escuelas” de artistas de la poesía o de la novela. Es posible que a los escritores no les importen demasiado estos asuntos.

Los escritores suelen poner mayor interés en “las palabras y las cosas”, como les ocurrió a Crátilo y a Hermógenes en el famoso diálogo de Platón. Y aun más importantes son las vidas de las personas que se desarrollan, inexorablemente, entre cosas y palabras. El tanque y el cañón son dos objetos que se utilizan en las guerras contemporáneas; la guerra es una situación de enfrentamiento de grupos, ejércitos o naciones, en la cual tanques y cañones sirven para matar y aplastar. A los muertos de las guerras les llaman: bajas, caídos, enemigos, invasores, extranjeros, correligionarios; también intrusos comunistas o conservadores intervencionistas. Estos calificativos, son palabras que “flotan” alrededor de las cosas.
Insultos y alabanzas están hechos de palabras. Unas frases nos llenan de rencor; otras nos hacen sentir agradecimiento, regocijo, amor, sorpresa. Las palabras y las cosas pueden ser ungüentos balsámicos o lancetazos terribles. El escritor vive para descubrir en cada época las cosas urticantes o hirientes; y aquellas que nos proporcionan “horas felices” o ciertas dulzuras compensatorias. Las palabras y las cosas importan más o menos, en la medida en que afecten las vidas de las personas que nos rodean.
Los escritores son exploradores-mirones; buscan las palabras más adecuadas para expresar lo que ven a lo largo de la “ruta explorada”. Colores, formas, paisajes, son partes de las zonas bajo inspección del escritor, de gran atractivo a la hora de reproducir escenarios donde ocurren cosas y se profieren palabras. Estos exploradores-mirones tienen vocación de retratistas. Las palabras son musicales, como bien saben los poetas; pero también pueden ser visuales y táctiles: grises, brillantes, opacas, suaves, rugosas.