Extraña lógica presidencial

Durante meses, el Presidente de la República ha estado haciendo un ejercicio retórico para demostrar, como si se estuviera en un juego dialéctico en los areópagos griegos, que lo necesario y urgente de  la educación dominicana es calidad y no cantidad. Y cantidad aquí es sinónimo de dinero. A primera vista el planteamiento luce seductor, persuasivo y convincente. Pero se trata de un juego de lógica formal que cuando se compara con la realidad se torna evanescente.

Don Felipe González Márquez, un político que por acá tiene amigos y admiradores, suele decir en sus entrevistas y libros que uno de los grandes problemas de la izquierda –esto lo vio desde las alturas de La Moncloa— es que confunde los fines con los medios. En palabras criollas, cree que el filo es el cuchillo. Digamos que algo parecido está ocurriendo en la lógica presidencial con la falsa exclusión  de inversión y calidad de la educación.

La calidad en la educación es un fin, no un medio. Se llega a la calidad cuando el sistema educativo tiene capacidad para operar como tal y es de lógica elemental afirmar que ese sistema necesita locales, necesita aulas equipadas con los elementos pedagógicos necesarios y necesita maestros, buenos y bien pagados. Nadie duda que es así, empezando por el Presidente y por quienes   secundan su postura, más por lealtad partidaria o burocrática que por convicción intelectual y profesional.

Este falso debate ha sido derrotado por las denuncias frecuentes en los medios de comunicación que dan cuenta de las precariedades en que se desenvuelven las escuelas dominicanas, en su mayoría, y por la falta de un régimen salarial acorde con las exigencias de los docentes.

Es obvio, pues, que la calidad de la educación dominicana necesita de la cantidad (dinero). Lo demás es pura retórica formal.