Extraños compañeros

Recuerdo haber leído en una ocasión en un periódico de mucha circulación en Madrid y en toda España, que el reconocido político Manuel Fraga, que junto a otros españoles jugaron un papel extraordinario durante la transición del franquismo a la democracia, como Adolfo Suárez y otros más, dijo que la política hace extraños compañeros de camas; parece ser cierta esta sentencia del señor Fraga. En estos últimos días podríamos llegar a la conclusión que esto es así, por la promiscuidad en nuestras cámaras legislativas, que ha alcanzado en ocasiones cotas extraordinariamente altas a la hora de sacar proyectos adelante, porque hemos visto que las alianzas hechas sin firmas, ni papeles, ni mucho exhibicionismo, nadie se ha parado en barras para que los intereses funcionen a toda máquina, de tal forma que muchas de las discrepancias que se crean en los medios de comunicación se ven desvanecidas por toda clase de cinecura pactadas en la más absoluta discreción. Es que la política en nuestro medio es el arte de lo posible y hasta de lo imposible, por eso los acuerdos circunstanciales en las Cámaras son tan frecuentes y nosotros los ciudadanos vivimos desencantados con los legisladores que nos gastamos y que pagamos tan caros, y esto nos ha producido profundas decepciones y hay quienes han llegado a pensar que no han apoyado un partido para esos desaguisados, para esos cuernos parlamentarios.
Esa actitud de muchos legisladores ha minado la credibilidad de los partidos. Nadie cree en esas organizaciones. El país vive una época de comidas a la carta, porque no existe una mayoría política clara; ahora lo que se estila es un sistema de mayoría por subasta, lo que importa es asegurarse los votos necesarios para obtener y sacar a flote una ley o cualquier resolución. Y aún más, existe una convivencia entre estos nuevos socios que forman la nueva mayoría con una típica historia repleta de infidelidades, desconfianzas recíprocas e intentos periódicos de ruptura.