Fallas de base ante un virus

El sistema de salud confirma incapacidad para bien recibir una oleada de personas con síntomas de la chikungunya de todas las edades y en casi todas las provincias. Las instalaciones tradicionales no dan abasto porque el Estado falló en dotar al territorio nacional de suficientes centros de atención primaria como estaba previsto y con los que se habría evitado el hacinamiento y existiría una forma expedita de atender a enfermos. La fuerte presión por atenciones y medicamentos a veces desborda las reservas de fármacos, señal de que no existe un mecanismo de reposición acorde con la gravedad de la emergencia. Ni se cumple una política sanitaria que tome en cuenta la permanente posibilidad de que surjan otras enfermedades tropicales parecidas, algunas con mayores riesgos de mortalidad.

El avance del virus actual expresa que en muchas zonas urbanas predominan condiciones favorables a la reproducción de plagas transmisoras de enfermedades. Además de mosquitos, moscas y roedores en un país que no dispone de un solo lugar adecuado para la disposición final de la basura. Encharcamientos y suciedad en calles, callejones y hondonadas de zonas marginadas y hasta en vecindarios céntricos en los que la clase media también aporta víctimas a la epidemia. El clarín ha sonado: la nación se expone a condiciones sanitarias que necesitan correctivos que vayan más allá de operativos coyunturales.

 ¿UN “MURO” PARA LAS PENSIONES?

Atraídos por la promesa de que tras superar los 60 años de edad las reglas les garantizaban el reembolso total de sus ahorros, muchos ciudadanos ingresaron sin chistar, y hasta con entusiasmo, al sistema de pensiones bajo la categoría inferior de “tardíos”. Es decir: sin derecho a una cobertura digna y oportuna con adecuados pagos mensuales salidos de la capitalización individual al concluir su vida productiva. Algunos hasta aportaban más de lo obligado para acrecentar sus reservas.

No se esperaba que de buenas a primeras surgiría una resolución injusta emitida el año pasado por la Superintendencia de Pensiones para crear un “muro virtual” de retención arbitraria a los fondos, forzando a recibir a cuentagotas, en sumas descendentes, el dinero ahorrado hasta agotarlo. La reacción contra ese valladar está en pie en gran parte de la sociedad. ¡Nada de muro! por ese lado al menos.