Familia y medio socio-cultural

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ATAHUALPA SOÑÉ
Existen varias aceptaciones mediante la cual se define la personalidad, dentro de su relación con la cultura. Hay autores que opinan que no existe personalidad, si no es concebida dentro de un ambiente socio-cultural; otros la definen como la interiorización de la cultura.

Nacemos dentro de unos esquemas culturales y estos nos imponen toda la suerte de presiones y demandas. La cultura no sólo nos plantea los problemas que debemos resolver, sino que prescribe las soluciones aceptables a los mismos.

De aquí se desprende que sean tan importantes las causas ambientales y situacionales que se le conceda al aprendizaje.

Desde el momento mismo del nacimiento y hasta antes del mismo, vivimos recibiendo de manera constante un bombardeo de estímulos. Muchas cosas pueden ser más desconcertantes que otras.

Cualquier acontecimiento puede provocar que un sujeto se trastorne en tanto que otro, no se ve afectado en lo más mínimo. Estas dos personas responden de maneras distintas, debido a que poseen diferentes estructuras de la personalidad. Es por eso que aceptamos que la personalidad es algo que se puede describir, que se desarrolla, cambia, que posee principios de funcionamiento que se pueden conocer.

El medio social no influye “per-se”, directamente sobre el ser en desarrollo. Es a través de la familia como unidad social como se establece el contacto directo con el niño: es a través de este singular medio por dónde resulta posible transmitirle, enseñarle a interpretar estos valores.

Es por medio del hogar, por dónde el niño empieza asimilando los valores de la cultura que son interpretados por la familia.

Empieza moldeándose su personalidad dentro de ese pequeño mundo que encierra un marco cultural. Es de allí desde dónde se le enseñarán comportamientos, actitudes propias de su cultura y elementos sub-culturales enmarcados en la familia misma, barrio, juego, compañero de colegio, etc., a las que se irá adaptando.

El niño va recibiendo todos los elementos que complementan la cultura a través del influjo familiar. Es dentro de esa relación con los demás, la que influye de manera decisiva en la formación de la personalidad del ser en desarrollo. La confianza y el grado de seguridad en la relación que establece el niño con la madre es de una importancia trascendental, en el desarrollo psicológico. La relación con los hermanos y con las demás figuras significativas, determinarán mucho, las actitudes centrales del niño en la vida, puesto que la conformación de elementos que constituyen componentes de confianza, generosidad, optimismo, aspiraciones, coraje frente a las adversidades, etc., se encuentran en el seno de la familia.

La familia es sin lugar a dudas el grupo social por excelencia, para que la influencia encuentre la base en el desarrollo humano.

La influencia continúa durante el proceso de independencia y juventud.

No puede negarse la repercusión psicológica del choque generacional, el cual puede tener influencias de largo alcance, pero suele ser pasajero.

Cuando el choque generacional deja de ser un hecho psicológico y se convierte en un hecho social, podemos decir que reviste un carácter trágico, lo cual ha de ocurrir, cuando los esquemas mentales interpretados de la familia resultan inadecuados para comprender o ajustarse a un medio social radicalmente distinto.

La familia es y ha sido aspecto de preferencial atención para la psicología del desarrollo. Hoy el conflicto producido por la familia-joven, la convierte como factor externo de mayor impacto en el desarrollo continuo de la personalidad del joven. Aquel joven rebelde, carente de afecto y cariño, huye en busca de su propio sistema de valores y de su propia interpretación del mundo, cuyo cuadro es el siguiente: sólo en una sociedad en estado convulsivo, en una sociedad sin dirección, verdaderamente a la deriva, este elemento constituye el contexto existencial.