Fantasía versus realismo forense

SERGIO SARITA VALDEZ
La investigación científica de la escena donde acontece un homicidio, más específicamente, el lugar donde aparece el cadáver de la víctima, es de un valor extraordinario para el esclarecimiento de un hecho criminal, así como para la recolección de las evidencias que incriminan a determinado sujeto como responsable de tan grave delito.

La serie televisiva CSI norteamericana mantiene una enorme audiencia a través de la mezcla de realismo y ficción en lo que vendría a ser una versión actualizada de Sherlock Homes, personaje creado a finales de siglo XIX por el novelista británico Arthur Nolan Doyle.

Las historias de Sherlock Holmes se basan en simple lógica deductiva a la que CSI agrega ahora la magia del ADN, es decir el estudio analítico de la compleja unidad proteica nuclear en donde reposa la información biológica que identifica a cada ser humano. La presencia de una minúscula traza de esa proteína puede ser amplificada millones de veces, a través de la técnica denominada PCR. Es así como por medio de una hebra de cabello, saliva, semen o sangre presentes en la víctima o sus alrededores podemos establecer una conexión con el homicida.

Son varios los laboratorios que se lucran ofertando las pruebas de ADN como panacea para la solución de los crímenes y la identidad de las personas. Indudablemente que se trata de un procedimiento analítico valioso, pero debemos evitar sobredimensionarlo, utilizándolo abusiva e inapropiadamente, so pena de llevarlo al descredito. Asistí al 60vo. Congreso de la Academia Americana de Ciencias Forenses, realizado en Washington del 18 al 22 de febrero de 2008, y en el mismo pude notar el hincapié que se hacía en la necesidad de abordar la investigación criminal de forma metódica y sistemática, alejada de la fantasía televisiva.

En aquel cónclave internacional donde se daban cita personalidades del quehacer científico forense de diversos continentes, veía la fuerza centrípeta tecnológica estadounidense basada en equipos cuyos componentes son hechos en la China y el Japón. Llamó nuestra atención el tardío descubrimiento por parte de los fabricantes del software para identidad, de la heterogeneidad de las personas hasta ahora agrupadas como Hispanos. En término de ancestro, se dieron cuenta que un argentino difiere de un guatemalteco, de un dominicano, o de un negro brasileño en sus caracteres antropológicos, y que, sin embargo, hasta ese momento todos estos estaban colocados en un mismo saco racial.

Aquello me hizo recordar a Isaac Newton y sus leyes de la gravitación universal. En un mundo globalizado seguimos girando como planetas con sus propias características sociológicas, idiosincrasias, necesidades, aspiraciones y realidades. Que la televisión nos entretenga es bueno, pero es perentorio que su fantasía no nos mantenga flotando en un engañoso espacio virtual y que nos permita asentar los pies sobre el realismo presente del pueblo dominicano.