Fantasma de Pablo Escobar acecha a Medellín 20 años después de su muerte

La hermana de Pablo Escobar, Luz María Escobar, y su esposo, Leonardo Arteaga, visitan la tumba del famoso narcotraficante, el 29 de noviembre de 2013 en el cementerio Montesacro, en Medellín (AFP, Raúl Arboleda)
La hermana de Pablo Escobar, Luz María Escobar, y su esposo, Leonardo Arteaga, visitan la tumba del famoso narcotraficante, el 29 de noviembre de 2013 en el cementerio Montesacro, en Medellín (AFP, Raúl Arboleda)

MEDELLÍN, Colombia, AFP. Veinte años después de su muerte, el fantasma de Pablo Escobar, muerto a tiros por la policía el 2 de diciembre de 1993 en Medellín, todavía acecha a los colombianos, divididos entre el repudio a los crímenes del famoso narcotraficante y el agradecimiento por su beneficencia.

Uno de los capos de la droga más sangrientos, pero también considerado en algún momento un Robin Hood, todavía genera miedo y rechazo entre las víctimas de la ola de violencia en la que sumió a Colombia en los años 1980.

“Las víctimas de Escobar son muchas y ese dolor está ahí vivo y mucho de ese dolor sin reparar”, dijo a la AFP Luis Alirio Calle, un periodista que estuvo presente cuando Escobar se entregó en 1991.

Escobar “es el muerto más vivo de Colombia porque sigue vivo en los combos (pandillas) y narcotraficantes”, asegura por su parte César Cuartas, residente de la Comuna 1, barrio periférico de Medellín.

Escobar se convirtió en zar de las drogas cuando fundó el Cártel de Medellín, que agrupó a pequeñas bandas dispersas con el objetivo de que Colombia revocara el tratado de extradición con Estados Unidos firmado en 1979.

Devoto del Niño de Atocha, supersticioso y contradictorio, se hizo inmensamente rico con el tráfico de cocaína, pero predicaba en los barrios pobres en contra de la drogadicción, incluso denostaba a sus subalternos que consumían.

Tras lograr el poder económico con la droga, quiso acceder al mundo de la política y, en 1982, fue elegido parlamentario suplente, una situación insostenible que terminó con la denuncia de sus actividades ilícitas por parte del ministro de Justicia, Rodrigo Lara, más tarde asesinado por sus sicarios.