Fatima, “madre” de combatientes y desertores en el frente sirio

CERCA DE ALEPO, Siria. AFP.  Cuando empezó la revuelta en contra del régimen sirio, Fatima Zahra no dudó en enviar a sus cinco hijos a luchar en el bando de la “libertad”, pero no era suficiente, quería hacer más por la causa y ha transformado así su vivienda en refugio para los rebeldes.  

Ha transformado su casa en un refugio para el Ejército Sirio Libre (ESL), donde les prepara la comida, cura a los heridos, alberga a los desertores e incluso guarda las armas en su habitación.  

“Desde que soy pequeña quiero asistir al final de este régimen. Cuando llegó la oportunidad, quería ofrecer toda la ayuda posible”, cuenta Fatima.  

Su padre se exilió en los años 80 en Kuwait, huyendo de la represión del presidente Hafez al Asad, difunto padre y predecesor de Bashar al Asad, contra los Hermanos Musulmanes.

Su padre no formaba parte de esta hermandad pero temía que su educación y su devoción acabaran convirtiéndole en objetivo del régimen. 

“Vivimos en el miedo antes de la revolución, incluso detrás de las puertas cerradas no nos atrevíamos a pronunciar el nombre de Bashar o de Hafez”, confiesa Fatima. Pero ese miedo se venció en marzo de 2011, animado por la Primavera Árabe que ya se había llevado a varios hombres fuertes árabes.

Y Fatima espera que le llegue pronto el turno a Bashar al Asad y justifica su decisión de quedarse cuando sus vecinos decidieron huir de los bombardeos del ejército. Dos de sus hijos luchan en Alepo, ciudad estratégica del Norte donde se registran fuertes combates desde hace más de un mes por su control.  

Otros dos hijos ayudan a los refugiados a huir hasta la Turquía vecina mientras que el “pequeño”, de 16 años, transmite mensajes y pasa armas para los rebeldes.  

Entre los desertores refugiados en casa de Fatima se encuentra Abu Mohamed, quien dice haber desertado hace dos meses de su unidad que había sido destinada a un punto de control en la carretera cerca de Alepo. 

“Lo que hace Fatima es increíble. Nos ayuda mucho. Nos trata como si fuéramos miembros de su familia”, dice este joven de 23 años. 

“Nos dijeron que luchábamos contra terroristas”

“Deserté cuando me di cuenta de que no defendíamos a la nación, sino a unos individuos. Nos dijeron que disparáramos contra cualquier coche que se acercara al punto de control, aunque hubiese mujeres y niños a bordo”.  

Abu Fahd, de 24 años, estaba por parte desplegado en la región de Alepo con su unidad de Homs cuando decidió desertar. “No teníamos televisión, ni radio, ni otros medios de comunicación en el ejército.

Nos dijeron que luchábamos contra terroristas y todo el mundo se lo creyó”, dice. “Pero cuando pude hablar por teléfono con la familia, entendí lo que estaba pasando. Entendí que estaba disparando contra gente inocente y decidió desertar”.  

Se puso entonces en contactos con un amigo que ya había desertado. Huyó escalando la pared del recinto, y salió corriendo mientras que sus ahora excompañeros le disparaban. “Son mis hijos”, dice con orgullo Fatima, “todos los combatientes rebeldes son mis hijos”.  

Hay muchas mujeres que, como Fatima, apoyan al ESL, pero a menudo temen comprometerse demasiado en este conflicto que ya ha dejado unos 25 mil muertos en 17 meses, según una ONG siria.  

“Tienen miedo y muchas ya han huido”, explica Fatima, cuya hermana, Um Ahmed, acaba de llegar para echar una mano. Esta mujer de 40 años envió a cuatro de sus nuevos hijos a la guerra. Uno de ellos murió hace dos meses tiroteado por un francotirador en la localidad de al Bab.  

“Cuando mi hijo de cuatro años ve ahora un avión, toma un bastón y lo levanta hacia el cielo como un arma”, dice aguantando las lágrimas. “Y no cesa de preguntar, ¿por qué mataron a mi hermano?”