Feminicidios en toda su gravedad

Aun cuando el número de asesinatos de mujeres a manos de hombres despechados reflejase menor proporción que antes, no existe motivo para restar infausta significación al registro de hechos que hondamente golpean por doquier en el país, llevando horror a familias y colectividades e imprimiendo mayor dimensión a la orfandad en 48 mil kilómetros cuadrados. Crímenes que por sus características dejan poco espacio a esfuerzos preventivos. Se trata de actos que tienen raíz en la visión deshumanizada y posesiva de muchos hombres tras lo cual la preocupación por la suerte de la mujer debe crecer con esfuerzos para promover el respeto a lo invaluable de la existencia humana.

La reacción machista que conduce a la destrucción de vidas cercanas a los autores, lo mismo es antecedida por acosos, amenazas y vías de hecho que emerge desde apariencias de normalidad en las relaciones interpersonales. Matar, en episodios de más horror que antes, sucede en desgarradores contextos de desprecio a la existencia de otros seres conectados al destino de víctimas y victimarios, en presencia de hijos o contra la vida de otros miembros de los conglomerados a que pertenecen. En particular la desprotección a menores de edad que conlleva esta orgía de sangre signa para siempre con gran dolor a descendientes y expone a la sociedad a repercusiones inciertas por un efecto multiplicador de la violencia.

El apoyo a los débiles

Agricultores y ganaderos de bajos recursos situados en tierras expuestas a la voracidad de intereses que no reparan en la función social del trabajo hacen algo que muchas veces solo les sirve para subsistir bajo desiguales relaciones de producción. El pez grande se traga a los minifundistas a menos que el Gobierno extienda protección sobre ellos como corresponde bajo una Constitución fundada en el “respeto a la dignidad humana” y para propiciar un “Estado Social y Democrático de Derecho”.

El poder llega al campo en regulares visitas de atención a necesidades de grupos campesinos de diversos lugares. Auxilios materiales que innegablemente arrojan frutos sin resultar suficientes para una existencia rural que está bajo lista de espera aguardando un protagonismo oficial contra la distribución y explotación sin equidad de la tierra.