Feminicidios: urge declarar un estado de emergencia

Millizen Uribe

Hombre mata su pareja de 21 años en Valverde. Hombre mata a su esposa con un arma blanca en Sabana Perdida. Hombre mata a mujer en La Guáyiga; la víctima era dirigente del PLD. Hombre mata su mujer y luego se suicida en Barahona. Hombre mata su mujer en La Vega; suman cinco feminicidios en una semana.

Esas oraciones corresponden a titulares de la prensa dominicana apenas en las dos semanas que van de noviembre, fecha en la que más de siete mujeres han sido asesinadas por parejas o exparejas, demostrando que en República Dominicana los feminicidios constituyen ya una epidemia, palabra que en una de sus acepciones se refiere a un mal, daño o desgracia que afecta a gran parte de una población, que se expande de forma intensa y que causa un perjuicio grave.

Tal cual sucede con los asesinatos de mujeres en el país. En estos días, a feminicidios tan sonoros y lamentables como el de Anibel González, que conmovió la opinión pública debido a que era altamente evitable, se han sumado otros como el de Juana Domínguez Salas, muerta a manos de su expareja, en iguales circunstancias: anteriormente había intentado asesinarla y salió en libertad tras un acuerdo corrupto con la Fiscalía de San Pedro de Macorís.

También fueron asesinadas Fátima Guzmán, en La Guáyiga, Pedro Brand, por su pareja Florentino Bussi, quien le disparó en la cabeza mientras dormía; Leónidas Mueses, asesinada de 11 puñaladas, en Los Alcarrizos, por su pareja Salvador Tapia, y Gladis Alvarado, en Sabana Perdida, cuyos gritos de muerte despertaron toda la comunidad.

Igual suerte corrieron Luisa María Báez Castillo, quien recibió varias puñaladas de su pareja, Jan Carlos Genao de Jesús, en Palmarito, La Vega, y Joselyn Cerda, ultimada por Nilcio de Jesús Fortuna, alias El Gallero de 56, de un disparo por la espalda, en Valverde.

Estas muertes deberían bastar para conmover a las autoridades, lograr que reconozcan la magnitud del problema y tomen medidas urgentes. En ese sentido, deben admitir que estamos ante una pandemia y declarar estado de emergencia que, primero evidencie voluntad política y real compromiso con el tema, y que luego pueda, por ejemplo, mover a un Consejo de Gobierno que coordine acciones en el corto plazo para disminuir ya la incidencia de la violencia de género y preservar la vida de las mujeres.
Así se ha hecho en el pasado con emergencias como la sequía, cuando en febrero de este año el Senado aprobó una resolución que solicitaba al Presidente de la República declarar en “estado de Emergencia” las provincias que integran la Línea Noroeste por la gran sequía que padecía la zona.

En política todo cuenta y comunica, por lo que mientras tantas mujeres están muriendo el Gobierno solo se avoque a ánimo y acciones electorales deja mucho que desear y decir.