Feria del Libro

La más importante actividad anual dedicada a publicaciones y lectura en la República Dominicana está en marcha desde anoche: la VIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2005, esta vez dedicada a la poetisa Aída Cartagena Portalatín, con Italia como país invitado.

La muestra, que cada vez ha logrado concentrar mucha atención, sirve este año como marco para destacar –además de la diversidad del mundo literario- los 400 años de la primera edición de El Quijote de la Mancha, la obra inmortal de Miguel de Cervantes, el 150 aniversario del merengue y el 40 aniversario de la Guerra de Abril.

El solo hecho de colocar por varios días en primer plano de la atención nacional una diversidad de libros –instrumento fundamental para la transmisión de ideas y emociones – representa un gran aporte a la sociedad.

En un país agobiado por precariedades económicas, criminalidad, conflictos y deudas sociales, la Feria del Libro emerge como un oasis para lo positivo. Para lo que verdaderamente suele lograr que los seres humanos se superen: la buena lectura.

A través de la Feria, además, el visitante puede descubrir la relación especial del libro con otras expresiones del espíritu: la pintura y la música, el canto y el baile. Porque todo puede estar, y de hecho está, impreso en algún lugar, gracias a los hombres y mujeres que cultivan el arte de escribir. Exhortamos a la ciudadanía a acudir con gran interés a esta muestra, digna de ser aprovechada al máximo, sobre todo por la gran masa estudiantil de la que debe esperarse que asista de manera ordenada; como se debe asistir siempre a lugares que, aún siendo abiertos, son creados como testimonio y expresión de arte y cultura.

¡Éxitos para organizadores y participantes!

Crimen con uniformes

No es la primera vez que miembros de institutos castrenses y policiales son acusados de delinquir, a veces con presencia múltiple en grupos para la consecución de robos y atracos.

Pero la última nota policial que compromete a hombres de uniforme con la carrera del crimen sobrepasa toda idea tenida hasta ahora sobre la posible presencia de antisociales en las filas de los cuerpos que están llamados a proteger a la ciudadanía de los delincuentes.

Ayer, la Policía Nacional informó haber apresado a integrantes de una banda de asaltantes compuesta por un raso de la propia institución, otro raso del Ejército Nacional y cuatro de la Marina de Guerra, además de varios civiles.

Una larga relación de asaltos y robos a hogares, comercios, vendedores y transportadores de mercancías es atribuida a este grupo en el que confluyen –según las propias autoridades- individuos acusados de deshonrar a las instituciones a las que se les estaba permitiendo pertenecer.

Esto abona la tesis más de una vez sustentada, formulada a partir de estudios que merecen crédito, de que los cambios para garantizar la eficacia e idoneidad de los organismos de persecución del crimen tienen que ser muy profundos, para garantizar que en esos organismos los delincuentes uniformados y armados no sigan deshonrando la misión y a sus jefes.

La presencia de miembros activos de tres cuerpos armados y de la Policía en una misma banda de asaltantes muestra, escalofriantemente, una aguda capacidad para confabularse para el uso perverso de armas provistas por el Estado en contra de la sociedad.

Corresponde a los altos mandos militares y de la Policía decir al país por qué fallan tan desastrosamente la mecánica de reclutamiento y la vigilancia de las conductas de policías y militares que tienen el atrevimiento de confabularse para ejecutar acciones delictivas tan audaces.