Fiart, una iniciativa
valiente  y prometedora

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II
Fue una sorpresa para todo el mundo, con excepción de quienes organizaron la Fiart… A pesar de unas lluvias, si  no torrenciales, persistentes, el recinto ferial –o sea las dos plantas de la Galería Nacional de Bellas Artes y algo de los jardines– se mantuvo recibiendo cientos de visitantes durante los cuatro días del evento.

Y la asistencia crecía especialmente desde el mediodía hasta el cierre nocturno. Ello significa que las condiciones meteorológicas desfavorables no descorazonan al público cuando está  realmente motivado. Por otra parte el fin de semana, sábado y domingo, se distinguió aquí por un flujo incesante de interesados, cuando el período no laborable suele alejar a la gente de exposiciones y museos. Finalmente, aunque hubo entradas de cortesía, el costo del  boleto se aceptó perfectamente, y hasta se consideró módico…

Claves para el optimismo.  Esa realidad plural abre esperanzas y nos hace reflexionar. Si hay un atractivo especial, si hay la perspectiva de descubrir algo nuevo, si se quiere conocer, disfrutar, divertirse, las actitudes pueden cambiar y lograr que no solamente las inauguraciones concentren  una asistencia masiva. El arte, para congregar  multitudes, debe convidar a un “espectáculo”… Además, la muy elogiable organización incluyó una labor de propaganda, una presencia reiterada en los medios de comunicación, un llamado a la expectativa y la curiosidad.

Este innegable éxito de público –todas generaciones confundidas– nos hace comprender que esta primera iniciativa debe seguir adelante. Parece que  relaciones ampliadas con galerías de distintos continentes aumentarán notablemente y diversificarán  las participaciones de las galerías privadas a los centros culturales y museográficos, de las actividades de animación a la integración de los coleccionistas. Y por ende crecerán las adquisiciones, sobre todo si la crisis económica global se debilita. Al respecto, otro fenómeno increíble fue que hubo compradores: no triunfó el pesimismo reinante, aunque ciertamente las ferias siguientes han de progresar en el aspecto del “marché de l’art” propiamente dicho. Aparte de la diversidad de propuestas, que incluían talleres, conferencias, muestras especiales, una feria descansa en la oportunidad de negocios –oferta y demanda–, en la convocatoria a futuros coleccionistas además de los “establecidos”. Hemos aludido anteriormente a la cantidad de galerías dominicanas presentes, formales e informales, ya que, en la Fiart, no se exigió –como en otras ferias– un historial de la institución, con vínculos, referencias y años de experiencia. Esta tolerancia, legítima para una primera edición,  variará, interviniendo más galerías comprobadas. La depuración, si no sucede por el reglamento de admisión, se va logrando por los resultados mismos; así se elevará la calidad de las obras, un requisito que ahora no se consideró como el punto primordial. Se evitará también que un solo artista –por ejemplo el caso de Alberto Ulloa– tenga una presencia tan reiterativa. 

Valoraciones

Acerca de las galerías del exterior, su asistencia fue el fruto de un esfuerzo enorme de las organizadoras. Para  el 2010 el trabajo de prospección se ha intensificado, y, si las previsiones se materializan, la internacionalización de la Fiart adquirirá un nuevo brío, empezando  por la región caribeña y por Latinoamérica. Ciertamente el aporte de Colombia –Arte & Arte Gallery– y de Venezuela –Art Nouveau, con Cruz-Diez– se destacó este año.

En cuanto a los  artistas invitados especiales, los cubanos Ulises Bretaña y Pedro Pablo Oliva  sedujeron al público, esencialmente por su virtuosidad pictórica.  El gran Fernando Botero contó con una buena representación, aunque no impactante para quienes ya conocían su extensa e intensa  producción.  Sin discusión posible fueron los cuadros del incomparable Iván Tovar los que causaron el mayor deslumbramiento  por una factura y una creatividad surrealista excepcionales. El aporte importante de las colecciones privadas Fundación Raigorodsky e Isaac Rutman,  revelando obras maestras, fortaleció la comunicación con la historia del arte moderno latinoamericano, ofreciendo una oportunidad única en Santo Domingo.

La primera edición de la Fiart –¡cuya prolongación el público reclamaba!– ha sido una iniciativa valiente, exitosa y prometedora, y el esmero de su gestión debería garantizar su futuro.