¿Fidel resigna el poder?

UBI RIVAS
El 19 de febrero último, las agencias noticiosas globales anunciaron la primicia del presidente del gobierno de Cuba, comandante Fidel Castro, de resignar el poder, que ejerce por 49 años, desde 1959, por “razones de salud”.

El comandante, en una breve misiva a sus paisanos, recuerda que el 31-07-06, había endosado el poder a su hermano Raúl, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, aquejado de gravísimas dolencias gastrointestinales.

Para los de mi generación que peinamos canas, Fidel Castro es un símbolo primero porque irrumpió en la escena caribeña cuando justo agonizaba la tiranía del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo que se inició el 23-02-30, y en segundo aspecto, porque en su figura se condensa el único líder que ha resistido, y a menos de 70 millas de sus costas, al imperio que conduce de manera unilateral el destino de la humanidad.

Que la revolución cubana ha ganado lauros en las asignaturas de la ciencia, la salud y la educación y que no ha sabido, ni querido, porque no se inscribe en su temática, los linderos de los derechos humanos y la promoción y/o iniciativa propia para crecer económicamente, son los dos platillos de la balanza para juzgar con serenidad y justeza ese proceso único en América.

La falla cardinal de la revolución cubana ha consistido en minimizar ese factor sui generis, que nace en el instinto, de aspirar a crecer económicamente para posibilitar un cosmos mejor y que los alicates del sistema impiden y/o prohíben.

No es verdad que el comandante se resignará a ceder el poder mientras viva, y la coyuntura es posible que implemente aprovecharla para introducir la rendija de una apertura en los mecanismos de la producción, aperturizar las cerrazones y/o limitaciones y consensuar con Deng Xiao-ping en “una Cuba, dos sistemas”.

O como el Vietnam en que una vez ¡hay, ya marchita! en que el inmenso tío Ho Chi-ming era el ídolo de las multitudes trocado hoy por los chicos de papis ricos que se desplazan por vía contraria por las calles de Hanoi y Ciudad Ho Chi-minh en potentes motores Hardley-Davidson.