Fidelidad a sí mismo (a propos del chisme actual)

Una de las debilidades mayores de los ciudadanos que han crecido sin un marco referencial propicio a mejorar nuestra sociedad, es la falta de fidelidad. No me refiero sólo a la matrimonial, sino a serle fiel a ciertas creencias básicas acerca de la vida, a ciertos valores. Si para usted la honestidad es un valor que merece respeto, y quisiera transmitirla a sus hijos, entonces no sea deshonesto, en nada. Creo que hay pocos ejemplos de actitudes que reflejen la importancia de actuar en consonancia con lo que se predica o se dice creer.

Aún recuerdo el raro caso –hace varios años- del político independiente Rafael Flores Estrella, que realizaba un programa de televisión, quien anunció con los ojos aguados por la emoción, que se retiraba debido a que su compañero de pantalla había aceptado representar, como abogado, a uno de los implicados en un caso de 1,380 kilos de cocaína incautados por las autoridades. Reconoció el derecho de su compañero a ejercer la abogacía asistiendo profesionalmente a cualquiera que requiera sus servicios, como haría un médico, pero explicó las implicaciones morales que tendría para él aparecer en televisión comentando casos como el de la droga, cuando sentado a su lado estaría el abogado de los implicados, no como entrevistado, sino como co-productor del programa.

Es muy infrecuente que veamos en nuestra sociedad acciones de personalidades públicas fundamentadas en principios, en fidelidad a sí mismo. Somos tan propensos a relativizar todo, que en la cultura dominicana es prácticamente desconocida la costumbre anglo-sajona de castigar con el ostracismo social a aquellos ciudadanos cuya vida ofrezca apariencias de tendencias pecaminosas. Todos reburujados, los roces con las inconveniencias de la ley o las buenas costumbres son vistos algo así como enfermedades pasajeras; conviene visitar al paciente para desearle pronta recuperación antes que hacerle un “fó”, no vaya a ser que lograda la impunidad, y reinsertado al círculo social, quede el periquitoso en desgracia.

El día que los dominicanos aprendamos el gozo de vivir con fidelidad a nuestros principios tendremos un país infinitamente mejor, pues habremos superado una pobreza mayor que la material, que es la pobreza espiritual.

La grandeza de los hombres resulta de las pequeñas decisiones que se toman cada día más que alguna gran acción en el curso de toda la vida.