Filosofar en neurología

Me declaro un apasionado de los “conversatorios” inteligentes, pues por edad y madurez me he prohibido a mí mismo perder el tiempo. Cuando tenemos la oportunidad de dilectar con contertulios que aportan, no puedo negar que en mi interior siento agradables y gratificantes sensaciones, que deseo en esta mañana de domingo compartir con los amables lectores que con sus finezas me permiten este “conversatorio”.

En  una elegante cena en el restaurante La Casa Violeta, en la ciudad de Montevideo, frente a su “mar”, el río de La Plata, donde en razón del Congreso Latinoamericano de Epilepsia compartimos la cena con dilectos amigos neurólogos, entre ellos Alberto Tassinari, de Italia; Ignacio Casarini, argentino, y los dominicanos Milagros Gómez, Diógenes Santos, José Silié Ramírez, Miguel Grullón, Guillermo Jiménez con su esposa Josefina, y un servidor con doña Ingrid. Sabemos que el buen vino es un gran facilitador para este tipo de encuentros; debemos reconocer que fuimos atencionados con un vino artesanal uruguayo, que no tiene que envidiarle nada al más exquisito francés que yo haya probado, y debo aceptar ante ustedes que hemos tenido a través de los años oportunidades de degustar “algunas” exquisiteces.

Pedí autorización de los contertulios para compartir sus juicios en esta columna. El enfoque se centró en diversas experiencias con los pacientes epilépticos y sus familiares y lo tratado ese día en el congreso donde se había hablado del tema de la epileptogénesis, o sea lo que da origen a las convulsiones. En fin que a veces, los médicos y demás biólogos, nos creemos estar alejados de la filosofía, y no es verdad; esa noche, en esa mesa, tuvimos las evidencias de que no; comentamos lo discutido en esa jornada del congreso con cuestionamientos. Se debatió el tema filosófico del foco epileptogénico, de sus orígenes, sus consecuencias y manifestaciones clínicas.

Hay casos en la neurología que el paciente padece traumas severos de cráneo, y nunca convulsiona, por el contrario tenemos pacientes que con un simple trauma se hacen epilépticos dependientes de fármacos para toda la vida. De eso se habló en esa mesa, será todo secundario a una predisposición genética, o es sólo el hecho de que hay áreas cerebrales que tienen la tendencia a ser sensibles de convertirse en un foco rebelde. Como todo tema controversial cada uno emitió su juicio y parecer, pero el consenso fue que lo genético predispone más que lo físico a originar el paciente epiléptico.

Uno de los aspectos de importancia de la participación en congresos médicos y más en congresos muy especializados, es que uno se hace muy “organicista”, pero dilectando con colegas con “canas”, uno entiende que ese dogma positivista basado únicamente en las evidencias científicas tiene gran importancia; pero debe ir siempre acompañado de algún cuestionamiento filosófico, pues de otro modo lo “científico” y experimental se convierte en una simple empresa de compilar datos, que amén de costosa, se hace en ocasiones inoperante, si no va acompañada de una dialéctica de cuestionamientos, que finalmente termina siendo una forma de filosofar.

La biología actual está sacudida por numerosas controversias que tienen una fuerte base filosófica, y máxime en esa mesa de neurólogos, conocedores en parte de las acciones del órgano rector de nuestro organismo. Aceptamos esa noche con pesar, que la evolución divergente de las distintas ciencias en nuestro siglo ha logrado apartarnos cada vez más entre sí. Cada disciplina se ocupa hoy día principalmente de problemas parciales aislados, y al individuo le es imposible abarcar con su visión la totalidad de nuestro ser.

Hace casi doscientos años, Johann Wolfgang  Goethe trató de aplicar a la esfera espiritual y cultural la misma metodología que a las ciencias naturales.

Esa noche, los dilectantes, sin proponérselo, logramos algo parecido, de lo muy “orgánico”  tratado en el día de conferencias: consideramos todos esa noche, que para comprender al complejo cerebro y sus manifestaciones, se necesita reiteradamente de la filosofía.