Fin superior del toque de queda

Fin superior del toque de queda

Aunque no contase con mucha aprobación ciudadana y resultara, como efectivamente ocurre, perjudicial a una diversidad de negocios que necesitan de noches enteras para generar beneficios propios de tiempos normales, las restricciones para evitar contagios del virus SARS-CoV-5 solo deben experimentar variaciones de cualquier tipo a partir de criterios objetivos que procedan de autoridades especializadas en prevención y manejos epidémicos, situadas en una óptica que les permite saber lo que en cada momento proceda.

No parece que en un estado de emergencia como el que vive el país en este momento, los propósitos de reducir la propagación de una temible enfermedad deban hallar beligerante oposición de sectores.

Menos aun que se insista en protestas callejeras que afecten actividades que deben marchar sin tropiezos en horas hábiles que bastan para desempeños ordinarios y diurnos con intenso uso de transportes públicos que generan congestionamientos viales con vehículos de todas clases.

Existe una demostrada relación directa entre las violaciones a normas de prevención sanitaria generadoras de imprudentes aglomeraciones en sitios urbanos, abiertamente o en clandestinidad, y los cíclicos rebrotes de la enfermedad covid-19 con hospitalizaciones y decesos. Los toques de queda no necesitan tumultuosa aprobación popular para conservar la vigencia que las circunstancias exijan.

El in crescendo de feminicidos

Numerosas mujeres siguen perdiendo la vida a manos de hombres que se empeñan en verlas como seres de absoluta subordinación a sus designios y pretensiones.

Patológicamente posesivos y a los que desde su irracionalidad y destructivos instintos poco les importa desgraciar colateralmente a otros seres inocentes como es haber sumido ya en orfandad en este año a 47 hijos de sus víctimas que fueron 43 madres, inmenso e irreparable daño humano, muy frecuentemente seguido por el suicidio de los autores.

Habría que reconocer, con desconsuelo, que la sociedad está demasiado indefensa ante un mal de perfiles epidémicos que hace fracasar las herramientas ordinarias en contra de la violencia que en el caso de los feminicidios germina en subconscientes ultramachistas, indoblegables y generalmente sorpresivos en sus efectos mortales.