¡Finalmente, Ley de Pesca!

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POR DOMINGO ABREU COLLADO
La Ley de Pesca nos llega finalmente, luego de dos años y meses esperando por su promulgación. Y su llegada –promulgada en octubre- coincide con la publicación de principios de noviembre de que los peces se están acabando.

En efecto, la revista “Science” se hizo eco comenzando este mes de las declaraciones de un equipo de científicos internacionales que advirtieron que los océanos se quedarán sin peces en los próximos 50 años, si no se detiene ahora el ritmo de depredación con que se ha manejado la pesca mundial, en todos los mares.

La advertencia de los científicos del mar tiene su base en que aproximadamente un tercio de las áreas marinas mundiales presentan una severa baja en sus reservas de peces. Pero lo peor es que la baja va en aumento y las empresas pesqueras no dan señales de cambio en sus hábitos y prácticas.

La baja en la existencia natural de los peces –los de consumo humano por tradición- tenidos hasta ahora como recurso “infinito”, ha sido relacionada estrechamente con la pérdida de biodiversidad marina, muy evidente en los arrecifes de coral. Según Boris Worm, de la Universidad de Dalhouise, en Canadá, los seres humanos “hemos agotado un tercio de las áreas marinas y (si seguimos así) agotaremos el resto”, citó la BBC de Londres.

Los datos arrojados por el estudio marino corresponden a los obtenidos entre 1950 y 2003, con seguridad, los años en que más recursos marinos hemos consumido y con una tendencia al aumento de ese consumo, es decir, a terminar con lo que queda.

Y es en este momento tan crítico a nivel mundial cuando la República Dominicana es dotada de una Ley de Pesca que tendrá que ser aplicada con una rigurosidad no vista anteriormente, si es que queremos preservar algunas de nuestras zonas productivas.

Por lo pronto, acciones de pesca con explosivos, como las que se ejecutan en estos momentos en zonas marinas de Nagua y Cabrera, deberán ser severamente castigadas, pues su suspensión no basta.

La técnica de pesca de arrastre, practicada en algunas zonas de la República Dominicana, e incluso perseguida a veces, ha sido uno de los blancos de la crítica de los científicos marinos preocupados por el descenso de los peces en el mar. Éstos sostienen que la pesca de arrastre daña la biodiversidad. Algo lógico, pues con esa técnica se captura todo lo que arropan las redes, alterando sensiblemente la ecología marina.

Una manera de prevenir el colapso previsto por Boris Word y su equipo de científicos marinos para el 2050 –si no se hace nada para evitarlo-, es la declaración de más áreas marinas protegidas y un mayor cuidado de la biodiversidad. Pero además, establecer reglas inflexibles para la práctica pesquera, desarrollando ésta dentro del marco de la sustentabilidad.

El gran problema para la República Dominicana, en relación con la pesca, será la necesidad de instruir a instituciones oficiales como la Marina de Guerra y a la misma Subsecretaría de Asuntos Costero-Marinos para la aplicación de la Ley de Pesca recién promulgada y evitar la corrupción que pueda relacionarse con su violación. Los organismos no-gubernamentales relacionados con la pesca también tendrán que ser orientados hacia su difusión y cumplimiento. Es todo un trabajo para el Consejo Dominicano de Pesca y Acuicultura –CODOPESCA-, al que se ha hecho responsable de la aplicación de esta ley.

El punto de partida

La Ley de Pesca parte fundamentalmente de cuatro condiciones para su creación. De los 17 “considerandos” previos a su enunciado cuatro resumen la necesidad de esta ley: “Que es deber del Estado proteger, conservar y regular la explotación de los recursos biológicos para la satisfacción de las necesidades alimentarias de la población y para el desarrollo sostenible de este sector de la economía nacional”. Esta condición supone una conciencia en el Estado en relación con el manejo sostenible del recurso.

“Que es de interés nacional el establecimiento de medidas eficaces para evitar la extinción de determinadas especies marinas, fluviales y lacustres, cuya pesca y extracción indiscriminada va en detrimento de la riqueza pesquera nacional y su valor patrimonial”. Esta condición supone preocupación tanto por la biodiversidad acuática como por los ecosistemas que la sostienen.        

“Que el nivel de explotación de los recursos biológicos acuáticos de la República Dominicana está próximo a imponer una carga máxima a la base de los recursos pesqueros tradicionales y que el aumento de la producción solamente puede lograrse de un modo sostenible, mediante el desarrollo de las pesquerías artesanales para la captura de especies pelágicas y mediante el incremento de la repoblación y la acuicultura”. Esta condición se identifica con la situación de los mares a nivel mundial según lo expuesto en el artículo anterior.

“Que los arrecifes de coral y sus ecosistemas asociados (manglar u ceibadales) son comunidades biológicas que constituyen ecosistemas de gran valor económico pesquero y que la extracción de corales, corte de manglar y degradación de los pastizales marinos o ceibadales atentan contra la sostenibilidad del potencial ictiológico y pesquero del país”. Esta última condición releva la importancia del arrecife de coral –el ecosistema más productivo del planeta-, y del manglar –el segundo ecosistema más productivo del planeta- para la conservación del recurso pesquero marino y de agua dulce.

Para pescar habrá que tener licencia

El primer escollo que encontrará el Consejo Dominicano de Pesca y Acuicultura –CODOPESCA-, será la gran cantidad de personas que se dedica a la pesca sin la menor preparación o sin saber que se trata de una actividad que puede causar serios daños ecológicos.

Pensar que los recursos del mar son infinitos es parte de la cultura dominicana, por lo que el CODOPESCA tendrá que tejer una vasta red educacional del tamaño del país, pues la educación será su mejor instrumento de trabajo.

Según la Ley de Pesca “para el ejercicio de la actividad pesquera y explotación de los recursos bióticos comercial y con fines de lucro en las aguas de la República Dominicana será necesario la obtención de una licencia de pesca y un permiso de inspección según el caso”. Tener licencia para pescar, hasta ahora, solamente se ha visto en las películas norteamericanas. Sin embargo, lograrlo en RD podría ser uno de los pasos más progresistas en el manejo sostenible del recurso pesca, pues siempre y cuando no haya corrupción la licencia será un indicador de educación.

Entre los principales objetivos del CODOPESCA están “promover la actividad pesquera artesanal, con miras a elevar el nivel socioeconómico del pescador y aliviar la presión de la pesca sobre los recursos costero someros y ecosistemas que allí se encuentran”; “estimular y apoyar económicamente la constitución de cooperativas y otras formas asociativas, con el fin  de lograr niveles más altos de productividad en el sub-sector pesquero, facilitar la explotación sostenible de los recursos y mejorar el ingreso real de los pescadores”.

Otro propósito importante de CODOPESCA es “coordinar las investigaciones que permitan identificar y cuantificar los recursos pesqueros, así como aquellas dirigidas a perfeccionar los procesos tecnológicos para mejorar y optimizar en las fases de extracción, cultivo, procesamiento y comercialización”.

ANA y los delfines

La primera actividad pública de la Asamblea Nacional Ambiental en su proceso de formación fue realizada el domingo pasado. Un grupo de representantes de las organizaciones que la integran realizó una protesta frente al complejo turístico “Manati Park”, en Bávaro, provincia La Altagracia, protestando contra el maltrato que los delfines reciben en dicho centro.

La actividad fue recibida acremente por uno de los gerentes de la empresa y por encargados de la seguridad, quienes instaron a los manifestantes a salir del sitio alegando la privacidad del mismo. El grupo se instaló entonces a la entrada principal que da a la carretera, desde donde elevó consignas en Español, Francés e Inglés, mientras sostenían carteles con mensajes en cuatro idiomas (Alemán, Francés, Inglés y Español) instando a los turistas a no visitar “Manati Park” y declarando que los dominicanos prefieren delfines vivos y libres, así como exigiendo la práctica de un turismo responsable y respetuoso de las demás formas de vida.

Según informaciones publicadas, en “Manati Park” han muerto varios delfines víctimas del maltrato y el stress. Ya anteriormente habían muerto, solo en un caso, siete tiburones por una falla en el manejo de uno de los acuarios existentes en el lugar.

La Asamblea Nacional Ambiental –ANA- ha respaldado la actitud de la Secretaría de Medio Ambiente de negar el permiso de importación de delfines a “Manatí Park”. Pero además es partidaria de que no se permita su importación para ningún otro parque acuático de la República Dominicana.