FINANCIAL TIMES
América Latina: un nuevo consenso sobre el papel del Estado

Los resultados económicos de América Latina, poco menos que impresionantes durante los últimos 15 años, han conducido a una nueva ronda de búsquedas sobre qué tipo de modelo económico es el adecuado para la región.

En particular, el papel del Estado ­que los políticos estuvieron tratando de reducir durante la mayor parte de los años 90­ están pasando un proceso de re-valoración, que refleja en parte las crecientes relaciones económicas de América Latina con partes de Asia, que ha logrado tasas de crecimiento mucho más elevadas.

Aún así, muchas de las ideas del llamado Consenso de Washington, un paquete de 10 ideas políticas que guiaron el pensamiento de desarrollo en las instituciones multilaterales durante más de una década, siguen intactas.

“Mi criterio es que estos cambios tienen mucho sentido y siguen siendo una buena idea”, dice John Williamson, el economista británico que esbozó las propuestas.

La mayoría de los gobiernos de la región han perseguido exitosamente cautelosas políticas monetarias y fiscales, con el fin de limitar las presiones ascendentes sobre los precios y aplastar la inflación creciente que resultó tan desestabilizadora en los años 80.

Las barreras al comercio se han reducido y, en general, las economías de América Latina son ahora más competitivas que lo que eran hace dos décadas. Sin embargo, el crecimiento no ha sido impresionante. Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional sobre las lecciones de los años 90 encontró que el ingreso per cápita entre 1990 y 2003 se incrementó en menos de 1% por año. Entre 1990 y 1997, el producto interno bruto per cápita se incrementó en un promedio de 2.5% al año, menos de la mitad de Asia durante el mismo periodo. Los indicadores de pobreza mejoraron durante la década, pero se han deteriorado desde la cesación de pagos de Argentina en 2001 y la crisis financiera de 2002.

El señor Williamson cree que el problema es triple. Primero, algunas ideas de consenso nunca se pusieron en práctica. Mientras él defendía la adopción de una tasa de cambio competitiva, los gobiernos de América Latina durante los 90 permitieron que sus monedas se apreciaran. Las tres mayores crisis de la región ­México en 1994, Brasil en 1999 y Argentina en 2001­, se produjeron todas cuando los gobiernos abandonaron la tasa de cambio fija.

Segundo, se prestó atención insuficiente a la política fiscal y los gobiernos tomaron demasiado dinero prestado, demasiado rápidamente. “El punto más débil fue que los gobiernos permitieron que el capital re-entrara libremente”, dice el señor Williamson, quien ahora dirige el Instituto de Economía Internacional radicado en Washington. Además, la privatización se desarrolló con atención insuficiente a la regulación, limpieza o eficiencia.

Tercero, el propio consenso se redujo a un credo cuya aplicación, -se pensaba- resolvería automáticamente todos los problemas. “No se me ocurrió que eso pasaría. Quizás debí haberme dado cuenta de esa posibilidad, pero no fue así”, dice.

El avance en reformar las instituciones, especialmente los sistemas de educación y judicial, también ha sido irregular.

Ahora existen presiones para que el Estado desempeñe un papel más importante. Pocos comparten las ideas de Hugo Chávez en Venezuela, quien parece estar a favor del regreso a la intervención estatal de los años de 1960 y 1970. Sin embargo, hay un criterio creciente de que el sector público debería ser fortalecido y trabajar en conjunto con el sector privado. En su propio estudio, el FMI concluyó que “un papel mejorado y más estratégico del Estado es esencial. La corrupción y la gobernabilidad débil en América latina han tendido a socavar la actividad del mercado, con la resultante caída de la carga pesadamente sobre los pobres”.

Muchos economistas, incluyendo al señor Williamson, dicen que Chile, cuyo récord de crecimiento es el mejor de la región (aunque relativamente poco impresionante comparado con el de Asia), debería que ser algo más que un punto de referencia para América Latina. Codelco, su compañía estatal del cobre, es un modelo de eficiencia del sector público. Los controles de capital se instrumentaron y mantuvieron durante los años 90, contra la tendencia regional, y a pesar del escepticismo de los mercados financieros. Los gobiernos de centro izquierda que heredaron los sistemas de pensiones liberales privados y privatizaron los servicios creados por Augusto Pinochet, el ex presidente, optaron por incrementar las mejoras en el sistema, en lugar de un cambio al por mayor. En un estudio reciente, Ricardo Hausmann y Dani Rodrick, dos economistas de la Universidad de Harvard, encontraron que el crecimiento sostenido se logró generalmente con más frecuencia mediante el cambio gradual, más que con la reforma estructural radical.

El señor Hausmann dice que la clave para liberar el potencial está en encontrar nuevos sectores de crecimiento, en la forma que Chile, por ejemplo, ha desarrollado sus industrias del vino, el salmón y las frutas.

Hay señales de que los gobiernos centristas, ahora en el poder en la mayor parte de América Latina, se están desplazando hacia este terreno más pragmático. Es un movimiento con el cual el arquitecto del Consenso de Washington se siente cómodo. “No soy un entusiasta del Estado mínimo”, afirma.

VERSION AL ESPAÑOL DE IVAN PEREZ CARRION