FINANCIAL TIMES
Fiscales esperan pasado de Saddam vuelva para rondarlo

Los pistoleros de Al-Dujayl habían escogido el tramo de carretera cerca de la Escuela para Varones Ibrahimiya como el sitio para su emboscada a Saddam Hussein, el entonces presidente de Irak. La principal ciudad chiíta, 50 kilómetros al norte de Bagdad, había estado intranquila durante varios meses con los predicadores respaldados por Irán llamando a una revolución islámica hecha en casa, ante la creciente ansiedad del gobierno.

En julio de 1882, las tensiones con el secular régimen del partido BAAS, incrementadas por la guerra con el vecino irán, llegaron a un punto clave y los 19 complotados abrieron fuego sobre la caravana del señor Hussein.

Las despiadadas represalias del régimen en al-Dujayl en los años que siguieron son ahora el centro de un proceso judicial largamente esperado de los ex servidores del señor Hussein,

El domingo pasado, el Tribunal Especial Iraquí, la corte judicial establecida para procesar a los funcionarios del antiguo régimen después de la invasión encabezada por Estados Unidos en 2003, dijo que estaba presentando cargos formales contra el señor Hussein. Ra´id Juhi, el fiscal principal del tribunal prometió una fecha para el juicio “dentro de unos días” para el presidente derrocado y otros tres altos funcionarios del BAAS.

Funcionarios del tribunal dicen que el caso, si bien es relativamente menor, será más sencillo de conducir que los cargos de exterminio masivo, y aún de genocidio, que también pudieran ser iniciados contra el señor Hussein y otros. Para muchos iraquíes chiítas, al-Dujayl puede servir como una prueba del sufrimiento nacional de varias deécadas.

Pero para despachar al señor Hussein con el proceso debido, los fiscales tendrán que regresar a la fracasada emboscada, que ocurrió hace este mes 23 años

“La religión gobernaba este pueblo en aquellos días”, recuenta el propietario de una tienda de cámaras cuando se le preguntó sobre el choque con el hombre fuerte secular.

Dos años antes de la emboscada, el régimen del señor Hussein había ejecutado a Mohamer Baqr al-Sadr, el celebrado clérigo chiíta, y había “desaparecido” unos 30 hombres de al-Dujayl –conocidos activistas de la Dawa inspirada en Sdar, o movimiento “Llamado”, dicen residentes del pueblo.

El jeque Ibrahim Jasiim al Khafaji, ahora de 48 años, dice que perdió a tres de sus hermanos en aquellas “desapariciones”.

Cuando los pistoleros que buscaban venganza fracasaron, el señor Hussein consideró culpable colectivamente a todos los habitantes de al-Dujayl, recuerda el señor Khafaji. Ël quiere que el señor Hussein sea enviado a la horca sin demora. “Exigimos justicia para este criminal y sus asesinos infieles del BAAS. Quiero que lo ejecuten ya”, dijo el jeque.

El señor Juhi, fiscal principal, se refirió vagamente a la “masacre” del régimen de cerca de 150 hombres de al Dujayl.

Sin embargo, los sucesos envueltos en el caso fueron más complejos, dicen algunos sobrevivientes chiítas.

En esos momentos, a solo 100 kilómetros al este, la audaz invasión de Irak de septiembre de 1980 a Irán se había convertido en una guerra de desgaste aparentemente imposible de ganar.

Una media hora después de la emboscada, helicópteros militares tronaron sobre al-Dujayl, seguido por unidades de asalto terrestre de la feroz Guardia Republicana del señor Hussein.

Según cuenta el señor Khafaji, la cacería que siguió duró más de dos días, al final de la cual 8 de los supuestos asesinos habían muerto, incluyendo sus tres jefes.

Los hombres armados de al-Dujayl mamaron unos 60 soldados de las tropas del régimen, dice. Once de los conspiradores escaparon, la mayoría hacia Irán.

Sin embargo, el régimen asoló las plantaciones de dátiles de al-Dujayl y envió unos 900 residentes chiítas, incluyendo mujeres y niños a prisiones en el desierto. Documentos del partido BAAS registran que al menos 143 hombres de la población fueron juzgados por un panel de la seguridad del estado y ejecutados en 1985. Dicen los supervivientes que al menos otros 200 también se dieron por muertos.

Uno los que sobrevivió, Abdel Zaher Abed, de 63 años, muestra grandes cicatrices en su espalda, que dice son de los golpes que recibió con mangueras plásticas. Él espera ver a Hussein en el tribunal. “Gracias a Dios que ahora habrá un juicio, y que se tratará el caso con justicia”, comenta.

Algunos de los emboscados que escaparon regresaron a sus casas después que el régimen cayó. Uno, que pidió no ser nombrado, parece menos preocupado por la suerte del señor Hussein. “Realmente no me importa lo que le pase ahora a Saddam”, dice. “La situación de Irak hoy es mucho peor”.

Por su parte, el señor Khafaji, dice que castigar a los líderes más altos del régimen no es suficiente. Dos de los organizadores locales del BAAS –Abdullah Ruwaid al Musheiji y su hijo Mizher Ruwaid al Musheiji también han sido acusados, aparentemente por señalar a los conspiradores y sus familias a las autoridades.

De acuerdo con el señor Khafaji, “cerca de otros cien culpables, incluyendo algunos chiítas”, andan sueltos.

VERSION AL ESPAÑOL DE IVAN PEREZ CARRION