FINANCIAL TIMES
Fisuras en coalición de gobierno pasan la cuenta a reformas de Lula

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POR RAY COLITT
SAO PAULO.- Durante los dos primeros años de su periodo como presidente de Brasil, que empezó en día de Año Nuevo de 2003, Luis Ignacio Lula da Silva logró la aprobación de la controvertida legislación en el Congreso, incluyendo reformas señeras para la seguridad social, la judicatura y sobre las quiebras que mejoraron la competitividad de Brasil y reforzaron la confianza de los inversionistas.

Este año, la cosa es distinta. Desacuerdos y luchas internas dentro de la coalición gobernante del señor Lula da Silva han obstruido su agenda legislativa. Esta semana, el Congreso rechazó el candidato del gobierno como guardián del presupuesto federal, conocido como TCU, es la tercera derrota en poco más de un mes de un candidato del gobierno para un cargo importante.

El miércoles, el congreso se disponía a iniciar una indagación potencialmente dañina sobre un escándalo de corrupción en el servicio postal, que supuestamente implica a miembros importantes de centro-izquierda, el Partido de los Trabajadores brasileño (PT), un miembro clave de la coalición de gobierno. La oposición espera que ampliar la investigación a otras empresas públicas. Tradicionalmente, esas investigaciones captan la atención del público y demoran la agenda legislativa.

Además, líderes irritados del Congreso prometieron derrocar en los próximos días un veto presidencial a los incrementos de salarios a los legisladores. “El ejecutivo tiene una capacidad increíble para crear crisis”, dice Renan Calheiros, el presidente del Senado y miembro del Partido del Movimiento Democrático Basileño (PMDB), el mayor aliado del gobernante PT. El partido del señor Lula da Silva representa solo 24% de los asientos en la cámara baja del congreso, pero tiene casi la mitad de los puestos del gabinete y un 70% de los funcionarios públicos designados. Los partidos de la coalición, como el PMDB y el derechista Partido Progresista, se sienten mal representados.

“Fuimos arrogantes al pensar que no habría riesgo de perder poder creyendo que el prestigio de Lula lo resolvería todo”, dijo en una entrevista Cristovam Buarque, un senador del PT y ex ministro de Educación en una entrevista.

Líderes del PT y sus aliados se han acusado entre sí de manipular el poder y han intercambiado insultos. En un enfrentamiento inusual entre miembros del gabinete, Luis Gushiken, ministro de Comunicaciones, sugirió que Aldo Robelo, el vínculo del señor Lula da Silva en el Congreso es incompetente y debe renunciar.

Algunos líderes del PT se sienten frustrados porque el señor Lula da Silva no haya intervenido en lo que ellos ven como un forcejeo embarazoso y políticamente dañino. “Tenemos que reconstruir nuestra coordinación política. Obviamente, no está funcionando”, dijo Paulo Rocha, l{ider del PT en la cámara baja. La animosidad se ha exacerbado por una pobre relación personal entre los señores Lula da Silva y Severino Cavalcanti, el mordaz presidente de la cámara baja, quien llegó al poder en febrero en una marea de descontento entre los legisladores aliados. Esta semana, dijo que la coalición gobernante en el Congreso había sido “desmantelada”.

Se dice que el señor Cavalcanti se reunió con Fernando Henrique Cardoso, el ex prsidente de Brasil del partido Socialdemócrata, para analizar alianzas posibles antes de las elecciones generales de octubre de 2006.

Esta semana, el señor Lula da Silva sugirió que los líderes del partido de la coalición gobernante que el PT tendría que dar más espacio político a sus aliados. En marzo, él abandonó un cambio en el gabinete con esos fines.

“Lula tiene que ser rápido y listo para evitar las deserciones”, dice David Fleischer, un politólogo de la Universidad de Brasilia. “Los candidatos tienen que elegir sus socios[para las elecciones de 2006] antes de septiembre de este año.

El señor Lula da Silva tiene una tasa de aprobación de 60%, de acuerdo con una encuesta de Sensus de abril. Sin embargo, los críticos dicen que el gobierno ha perdido atractivo para los votantes con la adopción de políticas tradicionales, mientras ha echado a un lado su agenda social histórica.

“Tenemos un mensaje claro. La ortodoxia económica no es una política, es una necesidad”, dice el señor Buarque. “Hoy el PT se parece a cualquier otro partido”.

Mientras tanto, los problemas políticos continúan saliendo a la superficie. La semana pasada, la Corte Suprema le dio luz verde a los fiscales públicos para investigar a Henrique Meirelles, el presidente del banco central y blanco principal de las críticas de los izquierdistas de línea dura insatisfechos con la política monetaria ortodoxa. El señor Meirelles está acusado de supuesto fraude fiscal y transferencias ilegales de dinero al exterior, acusaciones que el refuta.

Frente al palacio presidencial esta semana, 12,000 campesinos sin tierra se manifestaron a favor de una reforma agraria más rápida; algunos de ellos atacaron a la policía con palas y palos.

Nada esto augura nada bueno para la agenda de reformas del gobierno, que incluye una propuesta de autonomía para el banco central, reforma sindical, y la privatización de su industria de reaseguros.

“El gobierno de Lula no tiene interés en la reforma; simplemente quiere gobernar y mantenerse en el poder”, dice Góes & Consultores Asociados, una consultoría con sede en Brasilia.

Antonio Palocci, ministro de finanzas, dijo al Financial Times en una entrevista esta semana que “la turbulencia política es temporal, mientras los partidos se ponen de acuerdo para las elecciones del año que viene”. Dijo que el gobierno presentaría su proyecto de ley de reaseguros al congreso en los próximos días.

No todo el mundo está de acuerdo. “Tradicionalmente, mientras más cerca están las elecciones presidenciales, hay más ruido político”, dice el señor Fleischer. “Yo creo que habrá mayor turbulencia para la administración de Lula”.

VERSION AL ESPAÑOL DE IVAN PEREZ CARRION