FINANCIAL TIMES
Los pobres de Perú siguen siendo pobres

Hace cuatro años, en Machu Picchu, la asombrosa fortaleza en la sierra sureña del Perú, el país dio la bienvenida a un nuevo líder. Los chamanes ofrecieron grasa de llama y hojas de coca a Pachamana, la Tierra Madre, y los músicos y trajes tradicionales de las tierras altas tocaron sus flautas e instrumentos.

En medio de todo eso, Alejandro Toledo agarró una hacha de guerra dorada, rematada con una mazorca de maíz: el cetro que portaban los reyes del imperio precolombino.

Y fue así como el señor Toledo inició su periodo como presidente del Perú, blandiendo el hacha, y con la promesa de hacerle la guerra a la pobreza.

Al asumir una economía que se había contraído durante los primeros cinco meses de 2001, y un país que se retorcía con las revelaciones de la corrupción institucional que derribaron al régimen de 10 años de Alberto Fujimori, era una tarea tan intimidante que muchos pensaron que el ex economista del Banco Mundial no duraría.

Hoy, cuando el señor Toledo ofrece su rendición de cuentas final sobre el estado de la nación y entra en su último año en el cargo, su logro mayor pudiera ser su supervivencia política, y la de la débil democracia peruana, ante la inestabilidad regional, la creciente inquietud social y su propia profunda impopularidad.

 “El señor Toledo contaba con una aprobación de 59% en julio de 2001”, dice Luis Benavente, del Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima. “Un año más tarde, era 18.8%”. El año siguiente se hundió a 11% y ha estado en un territorio similar desde entonces”.

Esto refleja en parte las propias limitaciones del señor Toledo. Al no poder cumplir sus exageradas promesas, asignarse a sí mismo un gran incremento salarial y al ser sido sorprendido mintiendo en relación con una hija ilegítima, ha desarrollado una reputación de desconfianza.

Los escándalos por corrupción y el rabioso chismorreo de una prensa impúdica, han aportado más a sus cuitas.

Pero mientras que los peruanos se cansaron del flujo constante de señalamientos, acusaciones y chismes en toda la regla que constituyen la sustancia de gran parte del “periodismo” y la política, ante los ojos del mundo Perú conjuró otra historia. 

Bajo el periodo del señor Toledo, el país ha experimentado 47 meses consecutivos de crecimiento de su producto interno bruto, mientras que el gobierno está pronosticando con toda confianza un crecimiento de 4.8% este año y el próximo, y 5% en 2007 y 2008. Las exportaciones están aumentando, la inflación es baja y los sondeos revelan una confianza de los consumidores creciente.

Este mes, Standard & Poor´s, la agencia calificadora, elevó su perspectiva sobre Perú de “estable” a “positivo”. Esto le da al país andino una calificación a su moneda local a largo plazo de BB+, un punto por debajo del grado de inversión.

Sin embargo, muchos analistas cuestionan hasta qué punto el crédito de esto se le puede atribuir al señor Toledo. Perú, un gran productor de minerales, tendría que estar muy mal administrado para no beneficiarse de los precios de las materias primas. Y Pedro Pablo Kuczynski, el ministro de Finanzas y dechado de la ortodoxia fiscal, es responsable en gran medida por haber frenado el gasto público. Por otra parte, la promesa del señor Toledo en Machu Picchu tuvo que ver más con mejorar las desdichadas vidas de las empobrecidas comunidades indígenas, que fueron las que más sufrieron durante la larga y violenta lucha del gobierno contra las guerrillas maoistas del Sendero Luminoso, en las décadas de 1980 y 1990.

Toledo ha reiterado incesantemente su compromiso de combatir la pobreza, sin embargo no ha habido avances en la reducción del 54% de la proporción de peruanos que vive con menos de US$2.00 al día.

Otros factores a favor del señor Toledo han sido la debilidad de la izquierda peruana y los movimientos sociales, el deseo de la estabilidad después de la turbulencia del periodo de Fujimori, y la falta de alternativa popular.

Los que se están alineando para disputar la presidencia en la primera ronda de votaciones en abril próximo son rostros familiares que no incitan a la mayoría de los peruanos.

Los líderes son dos candidatos que perdieron frente a Toledo la última vez. El ex presidente Alan García, cuyo historial de mala administración económica todavía se recuerda, y la ligeramente más conservadora Lourdes Flores, quien sería la primer mujer presidente de Perú.

Cualquier sea quien gane, los peruanos estarán esperando más cambios tangibles de su próximo presidente a su vida diaria, en lugar de simple simbolismo.

VERSION AL ESPAÑOL DE IVAN PEREZ CARRION