FINANCIAL TIMES
Madurez democrática dificulta la vida de los gobernantes centroamericanos

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POR JOHN AUTHERS Y SARA SILVER
MEXICO.-
Son estos tiempos difíciles para los gobernantes de América Central. La semana pasada, la ex-presidenta Mireya Moscoso, de Panamá, que estuvo en el poder desde 1999 hasta agosto de este año, fue despojada de su inmunidad política por el tribunal electoral de la nación, por acusaciones de que US$70.0 millones del gasto público no se contabilizaron durante su administración. Ya admitió haber empleado US$3.0 millones de fondos públicos para efectos personales.

Martín Torrijos, el presidente entrante, acusó al régimen de Moscoso de publicar datos económicos falsos, mientras la señora Moscoso acusa a su sucesor de estar “sediento de sangre”.

José Portillo, presidente de Guatemala hasta finales del año pasado, está escondido en México, y se le busca por cargos de corrupción en su país, donde su ministro de Finanzas guarda prisión.

Arnoldo Alemán, presidente de Nicaragua hasta 2001, cumple una sentencia de 20 años de prisión por desviar más de US$100.0  millones de fondos estatales a su partido político, mientras que su sucesor, Enrique Bolaños se enfrenta a los esfuerzos por procesarlo y desalojarlo del poder, porque se le acusa de no haber revelado todas las fuentes de su propio financiamiento de campaña.

El fenómeno mayor ha ocurrido en Costa Rica, el único país de la región que ni sufrió la guerra civil, ni la incursión militar de Estados Unidos en las dos últimas décadas. El mes pasado, sin embargo, el pequeño país vió a Rafael Ángel Calderón, presidente entre 1990 y 1994, sentenciado a nueve meses en prisión, mientras las investigaciones continuarán por acusaciones de que se llevó una tajada de un préstamo de US$39.0 millones que había negociado con el gobierno de Finlandia, dirigido a inversiones en el sistema de salud.

El mismo mes, Miguel Ángel Rodríguez, el presidente del país entre 1998 y 2002, quedó bajo arresto domiciliario por acusaciones de que había aceptado un soborno de US$550,000.00 de Alcatel, la compañía francesa de telecomunicaciones, que había estado pujando por una concesión de 440,000 líneas GSM en Costa Rica. Y José Figueres, presidente de 1994 a 1998, fue obligado a renunciar como presidente del Foro Económico Mundial el mes pasado, después de no reportar US$906,000.00 en ingresos por consultoría.

Arturo Cruz, un experto en política de América Central en la Escuela de Comercio INCAE, en Managua, dijo: “La corrupción es un problema histórico en América Central; se produce dondequiera que haya un vínculo entre los sectores público y privado, y ahora se ha generalizado hasta el punto en que incluso afecta a Costa Rica”.

Lo que resulta insólito es que los ex-presidentes estén haciendo conjeturas, ahora que están fuera del poder. El señor Cruz sugirió que la crudas acusaciones por corrupción forman parte del proceso de maduración democrática, que muestra que los países se están alejando de la tradición del gobierno de caudillos, y “hombres fuertes”, a favor de la transparencia.

Las dinastías familiares continúan ejerciendo un fuerte control en toda la región. Los ex – presidentes Calderón y Figueres, en Costa Rica, son hijos de ex-presidentes, mientras que la señora Moscoso es la viuda de un ex-presidente panameño.

De acuerdo con el señor Cruz, tanto el señor Torrijos como el señor Bolaños, en Nicaragua, “forman parte de una generación que representa la modernidad política”, que aspira a la separación de los sectores público y privado. Añadió que Costa Rica, que ha disfrutado una democracia ininterrumpida por más de 50 años, era una excepción.

Constantino Urcuyo, especialista en Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, dijo que los cargos por corrupción, que han sacudido la nación, podrían atribuirse al lento fracaso del sistema de dos partidos. El poder alternó regularmente entre los dos partidos, fundados ambos en los años 40, y sus líderes compartían funciones políticas al margen de quien estuviera en el poder. Esto cambió con las elecciones de 2001, que dejaron cuatro partidos con bloques de significación en el Congreso.

“Hay -dijo- una crisis del sistema político en Costa Rica; no se trata de problemas individuales con estos ex-presidentes”.

“El sistema de partidos se ha fragmentado y por tanto, el control de que los dos partidos más grandes tenían sobre el sistema se les escapó. Esto ha permitido que la prensa funcione, le ha permitido a los partidos denunciar lo que ocurrió, y le ha permitido funcionar a las instituciones legales”.

TRADUCCION: IVAN PEREZ CARRION