FINANCIAL TIMES
Un oasis que detendrá el flujo de emigrantes

POR RAYMOND COLITT
BRASIL.-
Después de ocho horas de duro trabajo bajo un sol ardiente, Manuel Souza dos Santos, de 13 años, estaba desesperado por un sorbo de agua para humedecer sus labios resecos y escurrir el polvo. En su remoto pueblo del “sertão”, la vasta y árida sabana del nordeste brasileño, él puede elegir entre agua salobre de un pozo o un líquido turbio y verdoso de una alberca que se seca.

Hace medio siglo, las mismas ásperas condiciones de vida llevaron a Luiz Inacio Lula da Silva a abandonar esta región semi-desértica en una jornada épica de 13 días, hasta São Paulo, en la cama de un camión. Él fue uno de los millones de la región que huyó a las ciudades: emigrantes como estos ahora constituyen no menos de una tercera parte de los 18 millones de personas que viven en el amplio São Paulo.

Ahora, como presidente de Brasil, planea ayudar a poner fin a una de las más grandes emigraciones mediante la construcción de cientos de kilómetros de canales para bombear agua a la región del río São Francisco, de 2,800 kilómetros. La oferta para este proyecto, la mayor obra pública del periodo de cuatro años del señor Lula da Silva, está programada para enero.

El presidente defiende el alto precio de R$4,5 millardos, con el argumento de que el costo de no construirlo sería mucho mayor. En realidad, el 1998 el gobierno gastó US$2 millardos en las víctimas de la sequía. Y por encima de todo, dice que “es un proyecto humanitario”. La motivación del presidente no solo es personal, sino política. Con un ojo en la reeleción en 2006, intenta elevar el perfil de su sus programas de bienestar social, incluyendo un vacilante proyecto de erradicación del hambre que iba a ser la bandera de su administración.

La idea de aprovechar el río Sao Francisco fue propuesta inicialmente por el emperador Pedro II en 1847. Según la propuesta actual, el agua se enviaría al norte y al este, por canales de 402 km y 220 km de longitud, respectivamente. Cada uno alimentaría embalses reservas nuevos y ya existentes, que a su vez suplirían agua a ciudades, pueblos y áreas agrícolas.

En el papel, el proyecto ofrece beneficios sustanciales. Suministraría agua para mantener a la gente que vive en las poblaciones, e irrigaría 47,000 hectáreas de tierra fértil, creando unos 200,000 empleos. En el presente, los embalses y canales de distribución existentes operan muy por debajo de la capacidad debido a las lluvias insuficientes y sumamente irregulares, a la falta de ríos perennes y una tasa de evaporación de 75%.

La gente que vive donde se construirán los canales y embalses tendrán que ser expropiados y reubicados. Tendrán que elegir una compensación en efectivo o recibir una casa y un lote de tierra en las llamadas “villas productivas”, que serán irrigadas por los canales.

Mientras a muchos les preocupa cómo serán sus nuevos hogares, la mayoría de los agricultores y residentes a lo largo de las planeadas vías de agua acogen bien la idea en principio. “El agua es la vida aquí: sin ella no se puede hacer nada”, dice Edmundo Rodríguez, un pequeño agricultor a 50 km al norte del pueblo de Salgueiro.

Hay también preocupaciones con el medio ambiente, aunque algunos, como el riesgo de que se seque el río San Francisco, son exageradas. El proyecto  extraerá solo 1.5% del volumen de agua total del río. Otros incluyen el impacto sobre la biodiversidad de la región por la migración de peces  El proyecto, en realidad, promete una limpieza ambiental y dragado del río, que debió hacerse hace tiempo, puesto que se ha vuelto innavegable en algunas de sus partes por causa de la acumulación de residuos de resultado de las presas y deforestación de sus riberas.

Pero hay otros riesgos. Por una parte, no hay garantías de que el sucesor del señor Lula da Silva complete el proyecto, que quedaría condenado a la misma suerte de varios elefantes blancos abandonados en la región. La construcción de conductos de distribución que llevarán agua a pequeñas poblaciones, dependerá en gran medida de los gobiernos estatales, que también podrían carecer de los fondos, o de los deseos de hacerlo, particularmente, los que están gobernados por los partidos de oposición.

El bombeo de agua a través de un medio desértico es como transportar oro en los días del oeste salvaje en EEUU, y podría ser el mayor desafío de las autoridades. El conducto que suministra agua a Salgueiro tiene tantas conexiones ilegales que el agua, a veces no llega a la ciudad. “Las pilas están secas un día sí y otro no”, dice María José, que vende  maíz en la plaza principal.

Mientras el gobierno insiste en que la autorización para el consumo de agua en pequeña escala será una simple formalidad, algunos residentes temen que los obstáculos burocráticos y la política se beneficien a los más influyentes.

“Esto pudiera convertirse en un tren de alta velocidad sin estaciones”, dice Gerlandia Viera de Moraes, secretario de la unión de agricultores en el pueblo de San José das Piranhas, en el estado de Paraíba. “¿Qué garantiza que habrá acceso al agua?”

Estos y otros temas decidirán si el señor Lula da Silva podrá proclamar que cambió la vida en el “sertão”. Dice: “Soñé que los nordestinos no iban a São Paulo no a sobrevivir, sino como turistas”.

TRADUCCION: IVAN PEREZ CARRION