FINANCIAL TIMES
En Haití se perciben señales  de normalidad  tras el terremoto

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 Puerto Príncipe. Cuando Wahid Reyes encontró que su supermercado había sobrevivido al terremoto en la capital de Haití, Puerto Príncipe, cayó de rodillas en gratitud.

“Sólo le agradecí a Dios”, él dijo. “Yo estoy rodeado de otras edificaciones que sí colapsaron”. Su tienda ya ha reabierto, junto a muchos otros negocios, como una semblanza de que la normalidad retorna a la ciudad 15 días después que el desastre azotara.

Casi todos los cadáveres han sido removidos de las calles y enterrados. La mayoría de las tiendas sobrevivientes han reabierto, las estaciones de gasolina están trabajando una vez más, eliminando así la escasez de combustible y asegurando que las calles estén embotelladas de tráfico. Los bulliciosos mercados están llenos de productos frescos comprados fuera de Puerto Príncipe, las redes de teléfonos celulares están funcionando y las luces del tráfico están trabajando.

El banco abrió  el pasado sábado por primera vez desde el terremoto,  provocando apuro por efectivo. Largas colas comienzan a formarse al amanecer y las tropas de fuerzas de paz de las Naciones Unidas son desplegadas fuera de los bancos para asegurar el orden.

 “Tengo que sacar dinero para sobrevivir”, dijo Calas Jeanroudy, de 43 años. “Sí, la situación está mejorando, pero la gente todavía está asustada. Estamos temerosos de que un terremoto suceda otra vez”.

Réplicas menores ocasionalmente azotan Puerto Príncipe, pero son tan débiles que no representan un riesgo real. No obstante, el más ligero temblor es suficiente para traumatizar a la gente por el recuerdo de la magnitud del terremoto del 12 de enero y que huyan visiblemente aterrorizadas por las calles.

Lo más crucial de todo, los servicios de transferencia de dinero, que permiten que los haitianos obtengan efectivo enviado por los familiares que viven en el extranjero, están funcionando nuevamente.

Este es un servicio vital en un país donde al menos 1.1 millón de personas se cree que son entera mente dependientes del dinero enviado por la diáspora, notablemente las grandes comunidades haitianas en E.U., Francia y Canadá.

Las remesas anuales hacia Haití ascienden a un total de $1.65 millardos, o un 30% del producto interno bruto total del país. Algunas de las filas más grandes en Puerto Príncipe se han formado fuera de las sucursales nuevamente abiertas de Western Union, el principal servicio de transferencias.

Las empresas están funcionando otra vez, pero muchas han sufrido gravemente desde el terremoto.  Reyes perdió mercancía valorada entre $150,000 y $200,000 dólares dentro de su supermercado, con los estantes caídos en el piso y los congeladores más pesados volcados.

El pudo reabastecerse usando lo que tenía en su almacén, pero su cadena de suministro de vendedores mayoristas todavía no ha sido restaurada.  Reyes espera que este servicio se reasuma pronto y, como muchos de los negociantes cuyas premisas todavía permanecen, el hace luz de sus dificultades. “Realmente no me importan mis problemas. Sólo hay que mirar lo que otras personas han perdido en esta ciudad”,  dijo.

El vínculo vital con el mundo de afuera está próximo a ser reparado. La milicia de E.U. parcialmente ha restaurado el puerto marítimo de la capital, con el muelle del sur ahora capaz de recibir naves de carga, siempre que tenga sus propias grúas.  Por hoy, el puerto puede ser capaz de recibir 350 contenedores por día, lo que aliviará la presión existente en el abarrotado aeropuerto.

La fuerza de paz de las Naciones Unidas y la policía de Haití montaron patrullas en la ciudad asegurando que la ley y el orden sean considerablemente mantenidas. Reyes no ha perdido nada a causa de los saqueadores y la atmósfera general en la capital está tranquila.

El daño físico es desastroso, pero el terremoto puede que no sea tan tranquilo como fue de destructivo según indican algunos estimados. El centro de la ciudad, lleno de edificios gubernamentales, sufrió terriblemente y los cadáveres son todavía visibles en el armazón de la catedral.

En otros lugares, sin embargo, el daño es esporádico, con muchos edificios que quedaron intactos. En la forma caprichosa de los terremotos, se encuentran estructuras demolidas al lado de otras que parecen enteramente ilesas. El estimado de las N.U. de que un 50% de Puerto Príncipe ha sido dañado o destruido puede ser cierto si se observa el centro de la ciudad, pero probablemente no de la capital en general.

Una consecuencia del terremoto es vívidamente aparente: cientos de miles de damnificados y desplazados están durmiendo a la intemperie, con casi todas las cuadras y espacio abierto ocupado en sus campamentos provisionales.

La mayoría de los 508 sitios conocidos todavía tienen que recibir tiendas. Inevitablemente, ha habido estallidos de violencia y se encontró el cadáver fresco de un hombre joven en el pavimento cerca de uno de los campamentos. Todavía las legiones de refugiados son un recordatorio de que cualquier apariencia de normalidad es engañosa.

Las claves

1. Señales de mejoría

La mayoría de las tiendas sobrevivientes han reabierto, las estaciones de gasolina están trabajando una vez más. El banco abrió  el pasado sábado por primera vez desde el terremoto,  provocando apuro por efectivo. Los bulliciosos mercados están llenos de productos frescos.

 2.  Remesas

Las remesas anuales hacia Haití ascienden a un total de $1.65 millardos, o un 30% del producto interno bruto total del país.  Al menos 1.1 millón de personas son dependientes de la remesas.

Los bancos se preparan para batalla sobre reformas  EU

Tom Braithwaite y  Gillian Tett

Washington y  Londres

Después de la derrota electoral de los demócratas en Massachusetts la semana pasada, el Presidente Barack Obama aumentó, tanto la sustancia de la reforma financiera, como la retórica diseñada para vender sus políticas, pero se detuvo ante un cambio de personal.

Esta semana, la sustancia estará bajo amenaza, la retórica queda por demostrar, y los dos importantes oficiales económicos de E.U. enfrentan amenazas para sus empleos, los cuales están fuera del control del presidente.

En la sesión del Foro Económico Mundial que inicia el miércoles en Davos, los bancos más grandes del mundo planean legislar contra una implementación agresiva del plan de Obama  que forzaría a los grupos a elegir entre aceptar depósitos asegurados o implementar sus propias operaciones comerciales.

En particular, algunos altos financistas discutirán que la actividad de las marcas registradas de los bancos no fue una fuente clave de la reciente crisis crediticia, y de ese modo no puede ser agresivamente el objetivo. Ellos también discutirán vociferadamente contra la idea de reducir las grandes instituciones financieras, e insistir que en cambio debe haber un esfuerzo concertado para enfrentar el asunto de “muy grande para quebrar” por medio de otras consideraciones.

Los banqueros estarán buscando presionar su caso de forma delicada. Una política crucial en su estrategia será cambiar el debate para los organismos internacionales como por el ejemplo el Grupo de 20 o los comités de Basilea, y argumentar que los reguladores necesitan asumir un enfoque coordinado para frenar el riesgo sistémico, y los problemas de los bancos “muy grandes para quebrar”, más que las medidas drásticas nacionales.

La cumbre Davos es también posible que sea usada por los reguladores internacionales para tratar de forjar un frente común y rechazar las insinuaciones de que el movimiento de Obama ha minado el proceso de reforma financiera del G20.

En días anteriores, reguladores importantes con vínculos a los comités de Basilea, un organismo de reguladores internacionales vinculados al Banco para 

Resoluciones Internacionales radicado en Suiza, ha discutido que las medidas de Obama son incluidas en las opciones que ahora están bajo consideración para la amplia adopción por los comités de Basilea y el Consejo de Estabilidad Financiera.  Eso implica que cualesquiera reformas implementadas por América pueden no ser necesariamente fuera de línea con las eventualmente adoptadas en cualquier otro lugar en el G20.  Pero, luego de que el gobierno británico indicara el fin de semana pasado que era poco posible apoyar el movimiento de Obama, los bancos tienen una oportunidad en Davos y en el Congreso para ayudar a derrocar el plan.

VERSIÓN AL ESPAÑOL DE  ROSANNA CAPELLA