FINANCIAL TIMES
Gran regocijo mientras llega ayuda área  a la zona afectada por fuerte terremoto en Haití

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BENEDIC MANDER
Cuando el helicóptero de Estados Unidos descendió en la desmejorada pista en Jacmel, un pueblo en la costa sur de Haití afectada por el terremoto, cientos de sus regocijados habitantes atestaban el área de aterrizaje.

Con el acceso directo por carretera desde la capital Puerto Príncipe, imposibilitado por el desastre natural que tuvo lugar en la isla del Caribe el 12 de enero y que mató decenas de miles de personas, de acuerdo a los estimados de las Naciones Unidas, fue hasta una semana después que comenzaron a llegar los suministros masivos.

“Dios bendiga América” gritó Antoine Frantz, un voluntario de 26 años que forma parte de una cadena humana que descargaban cajas de alimentos y agua para Jacmel debajo de las zumbantes él hélices del helicóptero. “Somos un país pobre, ésta es una gran ayuda para la gente haitiana. Yo quiero agradecer al ejército americano y especialmente al Presidente Obama”.

Con ninguna otra institución global capaz de planear tales recursos logísticos de forma tan rápida, los miles de militares de E.U. que aterrizaron en la isla, han recibido una calurosa bienvenida virtualmente en todos los lugares que han llegado.

Pero ellos han tenido que andar cuidadosamente considerando las agresivas intervenciones anteriores por parte de Washington en la nación ubicada en la media isla.  E.U. ocupó a Haití en el periodo 1915-1934, amenazó con una invasión en el 1994 para convencer a los entonces gobernantes militares de dimitir y, una década más tarde, 1,000 marines formaron la vanguardia de una fuerza intervencionista de las Naciones Unidas siguiendo a una rebelión contra el presidente Jean-Bertrand Aristide.

Esta semana, en un intento, no para estimular las memorias y desestabilizar la frágil situación de seguridad, Washington repetidamente ha enfatizado la naturaleza humanitaria de su misión.

“Nos han sido dadas órdenes para proveer estrictamente asistencia humanitaria, y dejar la situación de la seguridad en manos de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas, dijo un soldado. “Ese es su trabajo, no el nuestro”.

En lugares tales como Jacmel, desde donde el trayecto a la capital era de dos horas, actualmente es de 12 horas y sólo es posible en vehículos 4X4, que dicen los militares de E.U. que ha hecho una significativa diferencia. “Todavía no hemos tenido problemas” dijo el Mayor Will Klumpp, un oficial de relaciones públicas. “Cuando las tropas de E.U. llegan, los haitianos afectados generalmente han estado contentos de vernos, y saber que alguien está ahí para ayudar”.

Tanto las N.U. como las agencias de ayuda, las cuales en el pasado han criticado las operaciones militares post desastre, corrobora esta opinión.

“Los helicópteros son la pieza más valuable de los equipos que tenemos”, dijo James Rankin, uno de los colaboradores de ayuda de Builders without Borders.

“La mayoría de la gente no considera que las consecuencias de este desastre sean mil veces mayor que el 9/11. Es como si el huracán Katrina ocurriera otra vez, cuando todo el mundo fuera de New Orleans fue olvidado en los meses subsiguientes” él dijo.

“Estas personas no pueden esperar”, dijo Alejandro Lopez-Chicheri, el director regional de comunicaciones de World Food Programme, en relación a las víctimas del desastre fuera de la capital.

“Es gracias a la milicia de E.U. que ahora podemos alimentarlos”, él agregó, en un extremo de la pequeña pista en Puerto Príncipe, con la situación general de naves de transporte C130 cargando suministros por un lado y el constante flujo de helicópteros de los Marines de E.U. con cajas para ser transportadas a comunidades remotas por el otro lado.

López-Chicheri dijo que el apoyo logístico de la milicia de E.U. los ha dispuesto a aumentar enormemente su distribución de ayuda, con paquetes de raciones de emergencia conteniendo galletas ricas en nutrientes que son distribuidos a más de 200,000 personas. Aún así, alrededor de un tercio del empobrecido país con una población de 9 millones, fue afectado por el terremoto, y cerca de un millón ha  quedado sin hogar.

Y, a pesar de las responsabilidades de Washington en otras partes del mundo, la milicia de E.U. está asentándose en Haití por un largo tiempo.

 “Nos quedaremos todo el tiempo que el gobierno haitiano nos requiera”, dijo el Mayor Klump.

Tal actitud va bien en pueblos tales como Jacmel, donde la gente rechaza provocativas declaraciones de líderes como Hugo Chávez de Venezuela, de que E.U. está perpetrando una invasión en Haití.

“El gobierno haitiano no puede hacer nada por nosotros: no tiene dinero, no es serio, es corrupto. Lo que tenemos, lo tenemos porque lo conseguimos por nuestros propios medios”, dijo Frantz en la pista de Jacmel. “Yo quisiera que el gobierno de E.U. posea nuestro territorio”.

Las claves

1. Ayuda esperada

Tropas de Estados Unidos son recibidas con júbilo en Haití.

2.  Agradecimiento

Ciudadanos haitianos agredecen intervención militar norteaméricana luego del fuerte terremoto.

3. Misión humanitaria

Situación es manejada con cuidado para que se entienda intervención es para ayudar.

4. Comparación con 9/11

La mayoría de la gente no considera que las consecuencias de este desastre sean mil veces mayor que el 9/11.

5.  Labor fuera de capital

Las tropas militares hacen menos difícil acceso a ciudades no llegaba ayuda por mal estado de carreteras.

6.  Rechazo

En Jacmel  la gente rechaza provocativas declaraciones de líderes como Hugo Chávez de Venezuela.

Obstáculos reducen rescate de diáspora en Haití

Alan Rappeport, Benedict Mande y S.  Daneshkhu  

New York,  Puerto Príncipe y   París

Desde el terremoto de la semana pasada que mató decenas de personas y dejó más de un millón de refugiados, la vasta diáspora de Haití ha estado luchando por considerar cómo ayudar desde lejos en un momento en que la falta de electricidad, comunicaciones y seguridad,  frustra las buenas intenciones.

La economía de Haití ha sido fuertemente dependiente de las remesas por años, que asciende a una quinta parte de su producto interno bruto.

Desde que la mayor parte del país fue devastado por el terremoto, esos fondos son aún más críticos, pero el colapso de la infraestructura ha echado por tierra los intentos de donación desde el extranjero.

En teoría, esa presión comenzó a aliviarse en los últimos días cuando los bancos comenzaron a reabrir en Puerto Príncipe la capital haitiana.

La realidad está todavía llena de problemas. Katleen Félix, una coordinadora para Fonkoze, una agencia microfinanciera radicada en Estados Unidos que sirve en Haití, dijo que el país estaba enfrentando una potencial crisis de liquidez ya que el banco central no era capaz de colocar efectivo en las sucursales.  Aunque alrededor de la mitad de las 42 sucursales de Fonkoze eran operacionales, ella dijo que la bóveda del banco central estaba totalmente sellada y que pronto se quedarían sin dinero a menos que fuera importado desde el extranjero.

Louis Danes Mackendy, quien ha estado haciendo trabajo manual en el aeropuerto de Puerto Príncipe pero que tienen todavía que pagarle, dijo: “Encontrar trabajo es un problema pero encontrar dinero es un problema mayor”, dijo. “si tienes familia en el extranjero realmente está mucho mejor fuera. Pero no hemos sido capaces de conseguir nada de dinero de parte de nuestros familiares todavía”.

Paradójicamente, el interés en ayudar nunca ha sido mayor. De acuerdo a Fonkoze, las remesas post crisis se han triplicado en relación al nivel que estuvieron durante los desastres naturales inducidos por huracanes en la década pasada.

Hay un millón de haitianos viviendo en E.U., 600,000 en la República Dominicana, 50,000 en Cánada y 40,000 en Francia. Haití recibió $1.2 millardos en remesas en el 2008, de acuerdo a las cifras del Banco Mundial. Las remesas bajaron durante los dos últimos años como resultado de la crisis económica, pero Manuel Orozco, un analista de remesas y de migración en Inter-American Dialogue, espera que se dupliquen en el 2010.

Hasta que el flujo de dinero se eleve, las comunidades haitianas están buscando otras formas de ayudar a sus familiares afectados. Brooklyn, New York, representa el más grande enclave haitiano fuera de Haití, y su centro comunitario haitiano en Bedford se ha convertido en un centro de actividad donde se mantienen llegando cargamentos con cajas de agua, latas de habichuelas, ropa y arroz. La oficina central usualmente ayuda a los residentes con alfabetización y problemas de inmigración pero ha emergido como un lugar de reunión para personas que buscan ayudar y consolar a los vecinos preocupados.

“Ha sido muy duro”, dijo Medjine Bataille, cuya tía de 50 años de edad se estaba recuperando de un derrame cerebral en un hospital de Puerto Príncipe cuando éste colapsó y la mató. “Gente que yo no conocía se convirtieron en mi familia”.

La señora Bataille supo sobre su tía por un primo que había viajado a Haití para llevarla de regreso a E.U. El estuvo en el hospital con ella cuando el terremoto sucedió, pero no pudo rescatarla una vez que el techo comenzó a desplomarse.

Los residentes de Brooklyn dijeron que Nostrand Avenue, que va a lo largo del centro del “pequeño Haití”, ha parecido inquietantemente tranquila.

VERSIÓN AL ESPAÑOL DE  ROSANNA CAPELLA