Financial times
Tendencia a la globalización de la economía mundial continúa

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La protección es el perro que no ladró. A pesar de la enorme crisis financiera, la tendencia hacia la integración de la economía global ha continuado. Esto es seguramente notable. Entonces, ¿por qué ha ocurrido esto? ¿Durará mucho? ¿Y qué necesita hacerse?

La inversión extranjera directa o IED y el comercio han aumentado mucho más rápidamente que la producción global desde 1990, con la IED creciendo más rápido que el comercio. La reserva IED saltó desde un 9% de la producción mundial en 1990 hasta un 33% en el 2012; las exportaciones de productos y servicios fueron desde un 20% de la producción mundial hasta un 31%. Para el 2012, estas proporciones estuvieron aún más arriba de donde habían estado antes de la crisis financiera. Como Arvind Subramanian y Martin Kessler señalan en un documento que invita a pesar, tanto el comercio como la FDI son también sustancialmente más grandes que incluso antes, en relación al producto interno bruto, con tantos productos y servicios cada vez más libremente comerciados.

La “hiperglobalización” contribuyó enormemente para que los países emergentes se pusieran al día con los estándares de vida de las naciones de altos ingresos en la “gran convergencia”. Así que: “Hasta finales de los 90, sólo alrededor de un 30% del mundo en desarrollo (21 de 72 países) estaban poniéndose al día con la frontera económica (EEUU), y dicha tasa era de cerca de 1.5% per cápita por año”.

Los autores continúan: “Desde finales de los 90, aproximadamente tres cuartas partes del mundo en desarrollo (75 de 103 países) comenzaron a ponerse al nivel, a un ritmo anual acelerado de casi 3.3% por habitante. Aunque el crecimiento de un país en desarrollo se desaceleró durante la crisis financiera global (2008-12), la tasa de coger el ritmo quedó cerca de un 3%.

Inevitablemente, el proteccionismo emergió en los años de la crisis. Pero es notable cuán limitado este ha sido: observe la vigorosa recuperación del comercio mundial en el 2010. Entonces, ¿por qué ha sido posible resistir el proteccionismo? Yo sugeriría cinco explicaciones.

En primer lugar, el comercio liberal está institucionalizado en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y un número de pactos comerciales, en particular con la Unión Europea. Segundo, a pesar de los fracasos, notablemente en la eurozona, los políticas monetaria y fiscal han sido incomparablemente mejor que en los años 30. Tercero, el capitalismo global cada vez más ha reemplazado el capitalismo nacional. Las empresas ya no están del mismo lado que sus trabajadores. Cuarto, la ideología de los mercados y la globalización sigue siendo dominante. Finalmente, la red de seguridad social, aunque desgastada, protege a la gente de los peores resultados del desempleo.

¿Puede uno asumir que la globalización es irreversible? No. Su progreso parece posible, guiado como está por ideas, intereses y tecnología. Sin embargo, también hay amenazas, algunas que vienen desde fuera del sistema de comercio y otras desde adentro.

Una amenaza externa son los desequilibrios globales. Las políticas que conducen al crecimiento guiado por la exportación imponen presión contractiva sobre los socios comerciales en un momento de deficiente demanda agregada y tasas de interés ultrabajas. Durante la década pasada, hemos visto intervenciones más persistentes de la tasa de cambio.

Otra amenaza puede venir de las externalidades medioambientales globales. Suponga que algunos países graven impuestos sobre las emisiones de dióxido de carbono con el objetivo de reducir el malestar global. Si la producción cambia, esa meta no será lograda. El argumento para impuestos compensatorios sobre las importaciones entonces sería fuerte. Los ciclos de represalias pueden bien continuar.

Una mayor amenaza viene del alto desempleo, el bajo crecimiento y el aumento de la desigualdad. La globalización es un factor del pasado, aunque lejos de ser el único: también importantes son la tecnología, la liberalización de finanzas y que el ganador se lleva todos los mercados. Pero es clara la amenaza hacia el comercio abierto.

Los desequilibrios podrían ser afrontados por un régimen monetario global más efectivo. Los desafíos medioambientales globales podrían ser enfrentados con acuerdos globales. El bajo crecimiento y la desigualdad podrían contrarrestarse con mejores políticas macroeconómicas y una redistribución de ganadores a perdedores. Pero estas cosas probablemente no sucederán, lo cual significa que el comercio es el que puede soportar la tensión.

No obstante, también vemos amenazas que emanan desde dentro del mismo sistema comercial. La ronda Doha de negociaciones comerciales multilaterales está muerta o en coma. De todas formas, parece poco probable que esta sea completada pronto. Eso inevitablemente ha debilitado la confianza en la OMC. Si bien la solución de las disputas continúa funcionando efectivamente, uno puede cuestionarse si un organismo incapaz de aportar liberalización adicional seguirá siendo vital. Además, mientras sea limitado el espacio para la liberalización adicional del comercio en productos, la oportunidad para la liberalización adicional de los servicios sigue siendo muy sustancial. 

Existe una alternativa: la liberalización preferencial sobre una base bilateral y plurilateral. Como muestra el informe de Subramanian y Kessler, alrededor de la mitad de las exportaciones de los mayores 30 exportadores van a socios comerciales preferenciales. Y entre 1990 y 2010, el número de acuerdos comerciales preferenciales aumentó desde 70 hasta 300. Pero ahora EEUU está proponiendo “acuerdos mega-regionales”: las sociedades transpacífica y trasatlántica. La lógica es que esta sea una forma de lograr una más profunda integración entre los países de ideas afines. Pero estos planes también están diseñados para excluir a la naciente súper-potencia comercial, China. Esto es riesgoso: esto podría terminar fragmentando el sistema comercial.

¿Hay una salida? Sí. Sería posible crear no dos, pero sí un solo acuerdo global que cualquier nación, en particular China, fuera libre de unirse si estuviera preparada para cumplir con las disciplinas acordadas. Aunque esto conllevaría riesgos, ellos serían minimizados. Idealmente, se encontraría una forma de vincular dicho megaacuerdo con el proceso de solución de disputas de la OMC estableciéndolo en la organización.

Más allá de esto, sería muy útil si fuera posible declarar victoria en un área de la ronda Doha, posiblemente en la facilitación del comercio, y entonces seguir adelante con los problemas más grandes. Lo más importante, en mi opinión, es un acuerdo que no sea para imponer restricciones sobre las exportaciones de materiales crudos vitales.

Lo más importante de todo, sin embargo, es mejorar otras áreas de la creación de políticas. El comercio es un éxito, pero ese éxito debe ser inseguro mientras la crisis financiera, la desigualdad, el desempleo y la inestabilidad macroeconómica, por no mencionar las rivalidades políticas, amenacen nuestro mundo. Como aprendimos en la primera mitad del siglo XX, el comercio liberal y la inversión no pueden ser una isla separada de los acontecimientos. Si la globalización sobrevive, debemos mirar y luego actuar mucho más efectivamente en otros lugares. 

LAS CLAVES

1.  Aumento

Las exportaciones de productos y servicios fueron desde un 20% de la producción mundial en el  1990 hasta un 31% en el 2012.

2.  Proteccionismo
El proteccionismo emergió en los años de la crisis. Pero es notable cuán limitado este ha sido: observe la vigorosa recuperación del comercio mundial en el 2010.

3.  Desequilibrios
Las políticas que conducen al crecimiento guiado por la exportación imponen presión contractiva sobre los socios comerciales en un momento de deficiente demanda agregada y tasas de interés  bajas.