Flashes de una triste semana

Desde hace días la República Dominicana es otra. La historia, por aquello de que sus protagonistas han torcido las letras con las que ha de escribirse, ha tomado un curso distinto.

Lo primero que sucedió fue el pacto entre el presidente Leonel Fernández y Miguel Vargas, quienes apostaron a un consenso que les asegure alcanzar sus respectivas aspiraciones presidenciales.

Bien hace Danilo Medina al callar y no opinar en torno a este circo mediático en el que se ha convertido una política en la que los dirigentes cambian de partido como de equipo, con la única idea de lograr alguna ventaja que se traduzca en candidatura (ahora más apetecibles que nunca porque quienes sean elegidos ocuparán sus cargos durante seis años).

Dejando la política, toca hablar de Rolando Florián Féliz, quien vivió y murió rodeado de violencia; que hizo del delito su mundo y que sucumbió a causa de un corrupto sistema carcelario que él mismo prohijó.

Nadie puede entender qué hacía Florián con dos mujeres, una de ellas menor, cuando no era hora ni día visitas;  por qué se creía con el derecho de desafiar a los guardias cuando la visita terminó o por qué fue encerrado, tras ser mortalmente herido, sin que las autoridades del penal le prestaran atención médica. Todo esto debe servir para corregir los graves yerros que existen en el sistema penitenciario.

El último de los sucesos de la última semana no tiene que ver con la política ni la violencia. Es, sin embargo, el peor de todos: se trata del adiós a Miguel Cocco, uno de los mejores hombres que ha tenido el país. A su familia, aunque será difícil lograrlo, fortaleza y resignación.