Flexibilidades a considerar

El país está bajo fuerte reducción de actividades con particular contundencia sobre las que más aglomeran personas para comer, beber, disfrutar deportes, llenar aulas, acudir a cultos religiosos y usar transportes colectivos; “grosso modo” constreñidas además por el toque de queda. Aunque muchos inconscientes lo violen, son más las personas que se encierran. Numerosos son también los ciudadanos apartados de producir y candidatos al desempleo; más las empresas medianas y pequeñas marchando hacia la quiebra. Son más las que van cayendo en incapacidad de pagar deudas y en ruta a perder capitales. Los actos compensatorios valen, pero no resultan una sábana imbatible que cubra siquiera a la tercera parte de los victimados en sus economía por el covid-19.

El Presidente sostiene con claras premisas que no procede todavía levantar restricciones a la movilización comunitaria, medidas efectivas que reconoce este editorial, pues logran un distanciamiento físico de amplio espectro que -también admitido por el primer mandatario- no impiden por completo operaciones industriales y negocios. Tampoco labores agrícolas importantes ni de procesamientos y flujos petroleros y mineros. Esas y otras fluyentes excepciones hacen factible sumar a la acción gradualmente algunas áreas más de la economía; aquellas mecanizadas que generan bienes en cantidad sin recurrir riesgosamente a mucho personal.

Al fin el cambio municipal

En el interregno entre un tollo electoral y las primeras nefastas señales del covid-19, buena parte del pueblo dominicano fue y votó el 15 de marzo; de ahí el parto que lleva nuevas caras a los ayuntamientos y rompe el vicioso predominio de un sector político que usaba su poder para prolongar el acaparamiento de funciones. Veni, vidi, vici dijeron los votantes esa vez para que ahora exista en el nivel municipal una correlación de administraciones edilicias más democráticamente diversas.

Para lo inmediato, procede crear las condiciones mínimas para las elecciones tentativamente fijadas para el 5 de julio. Ahora se arribaría a otro interregno: la distancia de dos metros entre votantes puestos en fila. Espada en alto como el arcángel Miguel metamos al inhumano virus en cintura sin pegarnos demasiado y equipados de mascarillas.