Fondos para generar progreso

Los fondos de pensiones hay que cuidarlos de todo riesgo. Pertenecen a los trabajadores, que los ahorran para cuando llegue la hora de retirarse de la vida productiva. Pero han crecido y acumulado sin aportar al desarrollo del país, sin agregarle valor a su significación en el PIB. Lo ideal sería invertirlos para financiar desarrollo y generar empleo. El país cuenta con instrumentos de protección, como el fideicomiso, que garantizarían el retorno de la inversión y la rentabilidad que genere la inversión.
La Asociación Dominicana de Administradoras de Fondos de Pensiones (ADAPF) ha propuesto la inversión de 40 mil millones de los fondos de pensiones en obras de desarrollo, generación de empleo y mejora de la competitividad, entre otros. Esta inversión se haría, según la propuesta, con apego a las condiciones que garanticen el patrimonio de los trabajadores. Esa parece una posibilidad de canalizar parte de estos recursos.
En julio pasado, la Comisión Calificadora de Riesgos y Límites de Inversiones (CCRLI) de la Superintendencia de Pensiones (Sipen) autorizó a las AFP invertir los fondos de pensiones en un fondo de inversión inmobiliaria, lo que supone que debe estar de por medio la mejor seguridad. En fin, los fondos de pensiones son recursos a la mano que deberían estar impulsando desarrollo siempre que su inversión se haga bajo estrictas garantías de retorno.

La sequía no ha terminado

La coyuntura estacional que ha arrojado algunas lluvias sobre el país ha creado la noción de que habríamos superado la recia sequía de dos años que padecimos. Pero el director del INDRHI, Olgo Fernández, cita factores que echan por tierra esa percepción. A pesar de los torrenciales aguaceros, las principales presas están operando con sus embalses a un 50% de capacidad, aunque es posible que haya llovido lo suficiente como para que dispongamos de un mayor volumen de agua.
Ante esta realidad, hay que plantearse como algo urgente la construcción de más presas y represas, lagunas y reservorios para contener el agua antes de que vaya a parar al mar. Y establecer una rigurosa política de ahorro y manejo eficiente de los recursos hidráulicos. La sequía no ha terminado, pero tampoco el desperdicio de agua.