Fortunato Canaán y el tren dominicano

Ubi Rivas.

El ingeniero Rafael Fortunato Canaán Fernández, inteligencia singular, afecto entrañable de medio siglo invisible a mi vista siempre, expuso en 1966 al presidente Joaquín Balaguer, su amigo y amigo de su padre, mi inolvidable afecto paternal licenciado José Fortunato Canaán Domínguez, un proyecto ambicioso y altamente redituable, de construir un tren que conectara la capital con el interior del país.
El presidente Balaguer o entendió que el proyecto era inviable, o consideró que enfrentaría a sectores vitales de la oligarquía vinculados a importadores de vehículos, piezas de repuesto e importadores de combustibles, y lo desestimó.
Hasta el presente, ningún gobernante ha asumido ese gran reto y proyecto, que traduciría un ahorro mayúsculo en vehículos congestionando las carreteras, gomas y piezas de recamabio, reducción del costo de transporte de mercancías y precios de pasajes, que también enfrentaría, hoy más que nunca, a los sectores que el presidente Balaguer rechazó enfrentar.
El proyecto de un tren nacional siempre he considerado vital, y fue descrito en su artículo cada jueves en HOY por mi singular afecto Teófilo Quico Tabar, y pienso que el presidente Danilo Medina debiera abordar el tema como proyecto clave para superar en gran manera el tráfico de mercancías y pasajeros, conversando con el ingeniero Canaán y procurar una entidad internacional que asuma el proyecto, y cuando recupere su inversión, el ferrocarril pase a propiedad del Estado dominicano.
Ramón Alberto Ferreras Manuel, el inolvidable periodista y escritor Chino Ferreras, afecto mío, abordó ese tema en una obra que reposa en mi biblioteca, digna de consultarse, intitulada Vías Férreas; Aternativa futura, edición l983.
La historia del tren dominicano es larga, y amerita otro trabajo más completo, que escribiré y publicaré. El tren nacional es una necesidad urgente.