Fotografías de Kart Schnitzer
(Conrado) 1939-1943

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DIÓGENES CÉSPEDES

El estereotipo que reza: La palabra es de plata y el silencio es de oro, es una rigurosa desvalorización del discurso y del lenguaje como insuficientes para expresar todo lo que ocurre a los sujetos en la vida.

Una fotografía pertenece al mundo de la semiótica. Esto significa que para que una foto adquiera una significación, debe ser descrita a través del discurso del interpretante. Lo mismo ocurre con la música y la pintura o con los demás sistemas de comunicación que no usan el lenguaje.

Por tal motivo, la foto titulada “Baile en la Casa España” que muestra al Encargado de Negocios de la Legación española, Rafael de los Casares y Moya y su esposa junto a la pareja “presidencial” compuesta por Manuel de Jesús Troncoso y su esposa Alicia Sánchez, no adquiere sentido sino en virtud de una operación cultural. Si usted le muestra hoy esa foto a un dominicano o dominicana de clase media o a un campesino de las estribaciones de la Cordillera, difícilmente den con los nombres de esos personajes y menos con el contexto que los convocó al acto donde fueron fotografiados. Eso vale para las demás fotos. Hay que recurrir a la historia, a la política, a la cultura, los cuales no son más que discursos.

La vida tiene sorpresas. El Encargado de Negocios de la Legación Española ejerció por corto tiempo sus funciones en Santo Domingo. De febrero de 1939 a julio de 1941. Fue un personaje más importante para el desarrollo de las relaciones culturales entre los dos países que el Ministro Manuel Cal y Marín, designado en aquel julio de 1941. Como militar veterano que hizo su carrera en Marruecos, De los Casares y Moya corresponde al prototipo del militar ilustrado, propugnador del Estado nacional burgués, pero por la vía autoritaria o yunker, con reglas claras donde las instituciones funcionen, con o sin menoscabo de los derechos humanos. Esto es lo que explica el paso de la España de Franco a la España de hoy. En la mente de Rafael de los Casares y Moya, franquista empedernido, hay un traslado de ese esquema al Santo Domingo de Trujillo. Sólo así se entiende la crítica bestial a la dictadura, la cual se oponía a la España Nacional de Franco.

De ahí el empeño de Casares y Moya en el aspecto cultural, pero sus intenciones fracasaron porque a partir de su relevo que quizá no fue tanto por los informes en contra del modelo trujillista sino porque España tomó una pendiente política diferente a raíz de la profundización de la Segunda Guerra Mundial y no quiso aislarse y correr la suerte de Hitler y Mussolini. En el momento en que España elige esta política, decae su interés, eufórico hasta 1940, por Hispanoamérica. Lo cual coincide con el relevo de Casares y Moya y con las instrucciones que se le impartieron como política exterior de España no solo para Santo Domingo sino para Hispanoamérica o allí donde hubiese españoles: cero intervención en los asuntos internos del país y acatamiento a sus leyes.

Quien desee profundizar en los logros y obstáculos de Casares y Moya en Santo Domingo, léase el capítulo que a su gestión le dedica Francisco Javier Alonso Vásquez en el libro “La alianza de dos generalísimos. Relaciones diplomáticas Franco-Trujillo (SD: Fundación García Arévalo, 2005, pp. 103-124). En dicho capítulo, se reseñan ampliamente los actos celebrados en octubre de 1940 con motivo del Día de la Raza, cuyo artífice fue el Encargado de Negocios, así como la participación de Troncoso de la Concha en varios de estos actos. Ahí toma sentido la foto de Conrado.

Refiriéndose a la misión de Casares y Moya, Alonso Vásquez señala que “su meritorio trabajo diplomático como Encargado de Negocios de España marcó una pauta institucional orientativa para los futuros representantes de España en este país.” (p. 123).

Creo, salvo que me demuestren lo contrario, que la foto titulada “Baile en la Casa de España” (p.49) tiene parte del pie equivocado. No es la foto del Ministro de España, que lo fue a partir de julio de 1941 De Cal y Marín, sino que la misma corresponde al Encargado de Negocios De los Casares y Moya y ha debido ser tomada el 12 de octubre de 1940 con motivo de la festividad del Día de la Raza. Si comparamos la foto de Acal y Marín que figura en la página 704 del libro de Alonso Vásquez con la de Casares y Moya que figura en la página 703 son dos personas distintas. El Ministro Plenipotenciario es de más edad que Casares y Moya. Este último lleva bigotes tanto en la foto con el presidente Troncoso como en la del libro de Alonso Vásquez. En ambas imagen el pelo de Casares y Moya es negro, mientras que el de Acal es completamente cano. El sombrero de Acal cubre, en mi opinión, una calvicie pronunciada.

Si se comparan las dos festividades del Día de la Raza en 1940 y 1941, la organizada por De los Casares y Moya tuvo más viso e importancia. Es cierto que Troncoso era el presidente títere para las dos fechas y es posible que las fiestas culminaran protocolarmente con el baile de gala en la Casa de España, aunque la enumeración de los actos y festejos proporcionados por el libro de Alonso Vásquez no habla de este baile. Solo los periódicos de la época hablarán de esta festividad.

De todos modos, el trabajo iniciado por De los Casares y Moya, aún después de su traslado, siguió germinando en Santo Domingo. De la Junta del Día de la Raza se pasó al Consejo de la Hispanidad y de éste a los Institutos de Cultura Hispánica. El de Santo Domingo funcionó desde 1946 hasta 1961 con el poeta Franklin Mieses Burgos a la cabeza y Manuel Valldeperes como secretario. Luego de la muerte de Trujillo se eclipsó y resurgió con la socialdemocracia española en el poder en los 80 y es ese Instituto Dominicano de Cultura Hispánica el que patrocina el Centro Cultural Español, cuyo primer director fue Pedro Vergés. Ya luego, con la política de centralización, fue convertido, con el nombre actual de Centro Cultural de España, en una institución oficial manejada por la Agencia Española de Cooperación Internacional, dependiente del Ministerio de Exteriores.

Las políticas, las actitudes y los tiempos son otros. De aquello quedó inscrita la nostalgia de los días coloniales del imperio más vasto del mundo, en cuyos dominios no se ponía el sol. Esa nostalgia perdura en las clases conservadoras de Hispanoamérica. Las Academias de la Lengua, correspondientes de la Española, reproducen esa ideología explícita o subliminal, a veces. Asunto distinto es el examen, sin eurocentrismo, de la herencia cultural, del idioma, de las creencias, pero no hacer de todo esto una ideología reforzadora del colonialismo mental y de la sacralización de un imperio al cual se le da las gracias por haber extraído las riquezas de un continente a cambio de haberles dejado en herencia a los países hispanoamericanos un poco de sangre, un idioma y una religión etnocéntricas que vapulearon, durante cuatro siglos, todo asomo de disidencia y cuya potencia imperial apagó a fuego encendido y sangre derramada, a horca y hoguera y fritura en alquitrán cualquier amago de independencia.