Fractura neoconservadora

ROSARIO ESPINAL
Para asegurar una mayoría electoral, el Partido Republicano necesita aglutinar diversos bloques de votantes que establecen su afinidad con ese partido por distintas razones y conforman el electorado neoconservador.

El primero representa un amplio segmento empresarial y profesional que reside fundamentalmente en los suburbios de las grandes ciudades, con una preponderancia de población blanca. Votan republicano porque creen que sus intereses están mejor protegidos por un partido que aboga por los negocios sin fuerte regulación estatal. Se agregan aquí los ortodoxos fiscales que abogan por bajos impuestos y un reducido gasto social para mantener el presupuesto balanceado.

El segundo bloque se aglutina en torno a la geopolítica expansionista, representada en el gobierno por el vicepresidente Dick Cheney y el saliente secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Este grupo tuvo mucha vigencia en los años ochenta cuando Estados Unidos libró su última batalla contra el comunismo en el gobierno de Ronald Reagan, pero pasó a un segundo plano en los años noventa. Resucitó con fuerzas después de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

El tercer bloque está compuesto por los conservadores sociales, los llamados “votantes de valores”, que residen en ciudades pequeñas del sur y centro del país. Se movilizan en torno a causas de fuerte contenido religioso como la oposición al aborto y a los matrimonios entre personas del mismo sexo.

El cuarto bloque se conforma en torno a nociones de ley y orden, de amplia aceptación en zonas urbanas con serios problemas de criminalidad. Esto explica, por ejemplo, la popularidad del ex alcalde republicano de Nueva York, Rudolph Giuliani, en una ciudad fundamentalmente demócrata.

La construcción de una mayoría electoral neoconservadora ha dependido de la capacidad del Partido Republicano de aglutinar y movilizar estos grupos a las urnas.

Esta coalición le dio el triunfo a Ronald Reagan en 1980 y 1984, a George H. Bush sólo en 1988 porque los conservadores sociales nunca lo vieron como su aliado, y a George W. Bush en 2000 y 2004. También permitió la mayoría congresional republicana de 1994 a 2006.

El 7 de noviembre pasado, los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes, el Senado y la mayoría en los gobiernos estatales, porque no pudieron movilizar estos sectores a votar masivamente por ellos. ¿Qué falló?

Indiscutiblemente el descontento con la Guerra en Irak es un elemento central en la explicación, pero la razón del voto castigo por ese motivo varía. Unos que inicialmente apoyaron la guerra cambiaron de opinión por los altos gastos gubernamentales para financiar operaciones militares de dudoso progreso. Por otro lado, el aumento en el precio de la gasolina, variable termómetro en un país donde mucha gente se transporta en vehículos privados a grandes distancias, contribuyó al descrédito de la guerra. Sin encontrar armas de destrucción masiva, el único sentido que tenía para un conservador promedio mantener la ocupación era asegurar un bajo precio del petróleo, pero la tendencia, por meses, había sido alcista.

Pese a que los descontentos se acumulaban, el gobierno insistió en mantener el curso de acción en Irak. Ante un constante declive en popularidad, el presidente Bush removió algunos funcionarios al acercarse la temporada electoral, pero no al controversial Rumsfeld, a quien siempre defendió y protegió. Además, en un país acostumbrado al optimismo en sus posibilidades de progreso y libertad, anunciar y sostener una costosa guerra sin fin contra el terrorismo chocaría eventualmente con el ethos nacional.

A los problemas de manejo de la guerra en Irak hay que agregar la ineficiencia gubernamental ante la devastación del huracán Katrina y los escándalos de corrupción y sexuales de congresistas y afiliados republicanos. Esto último debilitó el apoyo de los conservadores sociales, una base crucial del Partido Republicano. Se estima que incluso entre los votantes blancos evangélicos fundamentalistas, el Partido Demócrata aumentó su apoyo.

De esta manera, guerreristas descontentos por la falta de avance en Irak, fiscalistas descontentos por el creciente déficit presupuestal y moralistas descontentos por los escándalos republicanos, fracturaron el conglomerado neoconservador.

Mientras el desaliento abrumó a los republicanos, un incipiente optimismo apareció entre los demócratas. La encuesta Pew de octubre reveló que 51% de los votantes demócratas declaró entusiasmo por votar comparado con sólo 33% de los republicanos. Los independientes, por su parte, se volcaron hacia el cambio.

El Partido Demócrata, en minoría congresional y estatal desde 1994, expandió su radio de acción a regiones del sur y centro del país de predominio republicano. Nominó “demócratas conservadores” en algunos estados y municipalidades para conquistar votantes de orientación religiosa, e incluso algunos con vínculos militares como el senador electo por Virginia, que finalmente garantizó la mayoría demócrata en el Senado.

Con su reelección fresca en el 2004, el presidente Bush declaró que había ganado capital político y pretendía utilizarlo. Los resultados de 2006 indican que lo malgastó muy rápido.