Frágil vigilancia fronteriza

A diferencia de los dominicanos que viajan sin documentos a Puerto Rico, los haitianos que vienen a la República Dominicana en las mismas condiciones, no tienen que embarcarse en  una frágil yola  ni aventurarse en las embravecidas aguas del Canal de la Mona. Les basta con caminar hacia el este y  sortear una vigilancia fronteriza que, según la percepción del Servicio Jesuita de Refugiados y Migrantes y de otros sectores, es cada vez más frágil y cuestionable.

No está claro cómo opera la complicidad con grupos que trafican indocumentados, pero lo cierto es que es alarmante el número de mujeres haitianas que vienen a  dar a luz en nuestros hospitales. También es alarmante el número de niños y adultos que ingresan a territorio dominicano. La mayoría de estos inmigrantes ni siquiera habla español y por lo general van a sumarse a una creciente legión de desocupados.

Parecería que los traficantes de indocumentados le encontraron el punto débil a las autoridades emplazadas en la frontera para tratar de evitar la inmigración furtiva. Eso explica que haya importantes asentamientos de haitianos por todas partes y que abunden en las calles, vagando o vendiendo baratijas. Esa presencia abundante es la que permite afirmar que es frágil y cuestionable nuestra vigilancia fronteriza.

Sordera que resulta letal

El asesinato de Fari Eunice Reyes Mateo a manos de su ex marido, el alférez de fragata Ramón López Contreras, quien terminó suicidándose con la misma pistola, se suma a los casos de violencia estimulados por la indiferencia de alguna autoridad. Testimonios de familiares y vecinos de la víctima afirman que ésta se había querellado al menos en tres oportunidades ante la Marina de Guerra, por las amenazas de muerte de su ex pareja.

Los casos de violencia familiar tienen que ser atendidos desde la primera denuncia o querella. Abundan los casos de este tipo que han llegado al desenlace fatal porque alguna autoridad le restó importancia a las quejas de la mujer amenazada o agredida. Da pena que estas cosas lleguen a ocurrir porque   alguna autoridad que debió escuchar y atender una queja por amenaza, no hizo lo aconsejable para disuadir la intención homicida.  Alguna vez aprenderemos que cierta especie de sordera es mortífera.