Fragmentación, prosperidad y sus ¿bondades?

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

Este mundo nuestro es cada día más enredado, enrevesado y más difícil de comprender y entender. Vivimos en sociedades que nos dicen es la única capaz de garantizar prosperidad y bienestar para todos pero que permanentemente da muestras contundentes que es exactamente así… para una absoluta minoría, de cuyos beneficios y bondades la gran mayoría está cada día más lejos. A pesar de gritos crecientes sobre los peligros e insostenibilidad de la desigualdad que se genera, ésta crece incontrolable. No se trata de acabar con la riqueza o acorralarla cercenando lo que se ha dado en llamar el emprendurismo – que antes conocíamos como iniciativa privada – sino de atajar una tendencia socialmente explosiva. El 70% de siete mil millones de habitantes del planeta viven en países donde la desigualdad aumentó en los últimos 30 años. Cualidades y calidades que tienden a prevalecer en la nueva revolución industrial en que nos encontramos están generando más precariedad, incluso, en las sociedades más avanzadas, o mejor dicho, precisamente en ellas.
Datos de finales del 2016 descubrieron un desempleo de jóvenes del 21.2% en eurozona; 44% en España, 28.4% en Portugal, 25.9% en Francia. Es el sector más perjudicado por la crisis. Para la eurozona el desempleo global era de 9.8%. Para los integrantes de la OCDE el total de parados era de 38,5 millones, 5,9 más que en abril de 2008. Un gran germen de desconcierto y descontento que aglutinan fuerzas explosivas que las capas dirigentes no entienden del todo. En Estados Unidos, nación más rica del mundo, el 1% de sus ciudadanos de mayores ingresos obtenía el 8% de las rentas totales en 1985 y el 18% en 2015. Datos distribuidos en la reunión de la élite económica mundial en Davos, el pasado enero, señalaban que solo ocho hombres poseen igual fortuna que la mitad que alcanzaba la mitad más pobre de la tierra. Viendo un ángulo más global, el 1% más rico del mundo gozan de una riqueza superior al del resto del mundo en conjunto. En consecuencia, cada vez son más los que viven en la desesperanza y ésta, siempre, es mala consejera. Entre 1988 y 2011 los ingresos mundiales aumentaron un 11.9% pero de él, el 45% fue para el 10% más rico. Para entenderlo mejor: los ingresos de esa décima parte del planeta se incrementaron en 182 veces pero para el 10% más pobre solo significó un aumento menor a 3 dólares. La riqueza se concentra cada vez más en menos.
La clase dirigente se desconcierta sin percatarse de que la fragmentación que se genera habrá de buscar válvulas de escape. Unos ahora dicen que no se percataron de los males que acarrearía la globalización, pero sí hubo quienes lo advirtieron. La desigualdad es mayor que nunca antes. En un mundo cambiante y fragmentado, con nuevos actores poderosos, no se puede ignorar que el líder chino dijo en Davos: “Vamos a agrandar la tarta de la globalización y a repartirla mejor”.