Francisco, el primer Papa jesuita

Los cardenales electores han elevado al trono de San Pedro al primer jesuita: el Papa Francisco, Obispo de Roma, Jefe de Estado Vaticano y guía espiritual de la Iglesia Católica universal.

Tal dignidad recayó en Jorge Mario Cardenal Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, ciudadano argentino convertido en el primer pontífice nacido en América. Encara la inédita circunstancia de convivir dentro del Vaticano junto al renunciante Papa Emérito Benedicto XVI.

Del elegido, resalto la condición de jesuita por encima de su origen latinoamericano, porque la espiritualidad de la Compañía de Jesús se sustenta en los ejercicios de su fundador en 1540, San Ignacio de Loyola, y se caracteriza por el abandono activo a la voluntad de Dios manifestada en la obediencia, la formación  de la voluntad humana, la mortificación del egoísmo y del orgullo, el celo apostólico y la fidelidad al Papa.

La orden está obligada a una pobreza estricta: solamente las casas de estudio y las destinadas a la formación de los jesuitas jóvenes pueden tener rentas fijas. De ahí su humildad.

La infidelidad al Pontífice (Vatileaks, pederastia y crisis bancaria)  determinaron la abdicación de Benedicto XVI; renuncia  improbable para el flamante Papa Francisco, porque históricamente los jesuitas han sobrevivido a la persecución y a desafíos extremadamente difíciles debido a su labor misionera: El Papa Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús en 1773; en distintas épocas han sido expulsados de Bélgica, Portugal, España, Suiza, Austria, Colombia, Ecuador, Alemania y Francia.

El Papa Francisco dijo, clara rememoración de Cristo y Pedro: “Cuando no se construye sobre la piedra, ocurre lo que a los niños en la playa cuando hacen castillos de arena: todo se  viene abajo, sin consistencia. Edificar es construir la iglesia con piedras vivas”.

Pedro es el Papa.