¡Frank Barnett: Viaje al Underground!

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Desde los mixtificados y especulares territorios de las ideologías y las prácticas políticas “contraculturales” y bajo los reflectores de las vanguardias estéticas disruptivas de la posmodernidad, fue y sigue siendo tan popular lo “Underground” que al parecer ha dejado de serlo ciertamente. Luego, estallará siempre inocente y atravesada la pregunta del millón: ¿Qué significa ser “underground”? “España aparta de mí este cáliz”, responderá César Vallejo (1892-1938) por los siglos de los siglos, amén…
El término significa “subterráneo”, procede del inglés y unificaría los movimientos resistentes ante la ocupación alemana y el nazismo hitleriano en la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, desde los inicios de la sexta década del siglo XX, designará los movimientos contraculturales y las prácticas artísticas “outsiders” (rebeldes) que devienen paradigmáticas y distintivas del folklor urbano de la posmodernidad: hippies; “beat generación”; “mod”; “skinheads”; “punk”; “heavy metal”; “Hip hop”; “Street Art (Graffiti) y “hardcore”, entre otros.

Todo producto artístico que por su rechazo de lo “políticamente correcto”; por la radicalidad de su disrupción estética o por no ser considerado comercial, se designa metafóricamente como “underground” en tanto que no sale ni opta por salir a “la luz” a través de las plataformas tradicionales de difusión y explotación económica. “Subterráneo”, subversivo, alternativo, bizarro, “friki”, “hípster”, extravagancia, divergencia, son términos sinónimos de ingenio, fantasía y libertad creativa y también entrañan las ideas de inventiva, transformación, errancia, fuga, iconoclasia y provocación.

El arte “underground” es el de aquellos creadores contemporáneos que producen y resisten fuera del “art world”; sin patrocinios, contratos ni fines lucrativos. En su favor, cuentan con ciertos dispositivos que los de otras generaciones anteriores no pudieron siquiera imaginar: la Internet, las nuevas prácticas curatoriales, los nuevos mecenazgos y algunas fundaciones culturales con más vocación de apoyo que de obtener ganancias.

En Santo Domingo, encontrar a los verdaderos exponentes del “underground” no es tarea fácil ya que escasean los creadores dispuestos a asumir una actitud crítica y un grado máximo de libertad discursiva que les permitan su propia identidad sin tener que pactar con el Establishment. Incluso, algunos curadores y estudiosos de las penúltimas generaciones como Luis Graham Castillo y el poeta Glaem-Pipen-Parls, admiten su trance a la hora del intento de un catálogo paranoico del “Underground” nacional.

Mientras tanto, en su listado en proceso, Graham y Pipen, aciertan lúcidos y precisos, inscribiendo a Frank-Chuky-Barnett como el más terrible y legítimo chef de file del “underground” dominicano de la actualidad. Y esto se ha confirmado recientemente ante la muestra antológica que le ha organizado Michelle Ricardo en la Fundación Taller Público Silvano Lora, ubicada en la calle Arzobispo Meriño #104 de la Zona Colonial de Santo Domingo.

En efecto, compuesta por 16 trabajos en acrílica y técnica mixta sobre tela y papel, la exposición titulada “Ya tú sabes. No te proyectes”, resulta digna de registro como jovial, imprescindible y poética llovizna de “ácido nítrico” sobre los estigmas y ramalazos más patéticos y truculentos que traspasan la sociorealidad, el absurdo cotidiano y la cultura política dominicana contemporánea.

Frank Barnett, emerge con una propuesta cáustica y excitante que estalla como cachetada sutil y “super fresh” en pleno rostro del envanecido escenario artístico dominicano contemporáneo. Los mismos personajes que habitan su chispeante fantasmática: sapos, ratas, perros, yeguas, elefantes, burros, caballos, moscas y vacas con indumentarias, facciones y gestuales humanos, nos advierten que no se trata de otra novelería más de las tantas que no cesan de “proyectarse”, tras la búsqueda de un presunto curador, galerista, editor, productor o “mecenas” que las catapulte hacia el éxito y convierta ipso facto a sus célebres “ejecutores” en ansiosos y todavía más ingratos multimillonarios.

Las maravillas paradisíacas del Caribe; los desmadres pasionales y alucinógenos de la oferta turística “all inclusive” (sexo, drogas, merengue, bachata, tabaco y ron); las mitologías del absurdo y los rituales populares del caos cotidiano; los habituales de la bohemia citadina, la corrupción policial y la violencia barrial, son cuestiones abordadas por Frank Barnett a través de una dicción plástica excesiva y unos elementos antropomorfos con los que logra caricaturizar y/o bestializar con gracia, irreverencia, socarronería y muy mala leche a lo más canalla de nuestra “fauna” política.

Se impone reconocer a Michelle Ricardo por su justa valoración de la propuesta creadora de Fran Barnett, quien, junto a otros genuinos y resueltos baquianos del “underground dominicano”, resisten “invisibles” y a contracorriente-como nuevos quijotes de la imaginación-, frente a los fantasmales molinos del laberinto artístico doméstico, la beatería y la desidia crónica de la burocracia cultural oficial.