Franklin Franco: ¡inmenso!

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Con la fugacidad del viento, cuando menos lo esperábamos, con Franklin realizando sus labores habituales sin contratiempos, se presentó ella, esa señora fastidiosa que León Felipe definió como “vieja desdentada con trenzas de cenizas”, ella la muerte, inoportuna por naturaleza, aprovechó el momento menos esperado para asestarle una estocada fulminante a Franklin. Pero él desde hace mucho tiempo estaba de acuerdo con Ernesto Guevara de la Serna cuando sentenció que en cualquier lugar que le asaltara la muerte: ¡bienvenida sea! Por eso, siendo un joven veinteañero se colocó un fusil al hombro y se entrenaba en Cuba para seguir el camino de los héroes de junio de 1959 en la lucha contra la tiranía trujillista, luego en 1965 también se hizo patente ese sentimiento patriótico sin temor a la guadaña de la muerte. Aunque me sorprendió su inesperada y dolorosa partida, conozco muy bien que no le temía a este aciago momento que a todos nos debe llegar en una ocasión inexorable.

Franklin se retira físicamente, es indudable, recordaremos de modo permanente sus aportes al desarrollo histórico y social de los dominicanos, nos deja obras clásicas que no serán sepultadas: Clases, Crisis y Comandos, Historia del pueblo dominicano; los negros, los mulatos y la nación dominicana; Historia económica y financiera de República Dominicana; Historia de la UASD y de los estudios superiores; la dirección de la Enciclopedia Dominicana y su obra póstuma: La población dominicana, razas, clases, mestizaje y migraciones. Sobre este último tema seguía investigando y se proponía publicar otra obra sobre el particular, recuerdo que hace varias semanas puso mucho interés cuando le participé la próxima publicación de mi libro la historia de la pediatría dominicana, se trataba de un tema correlacionado.

Franklin era el investigador infatigable, pero ante todo el maestro, no distinguía clases sociales, cualquier ciudadano podía detenerlo, procurar y obtener informaciones en materia histórica, política, literaria o sociológica. Siempre presto a enfrentar los entuertos de nuestra historia y a aquellos que todavía persisten en presentarnos un  pueblo dominicano adocenado, que solo ha servido a los conquistadores, invasores y tiranos.

Perteneció a una importante corriente historiográfica, que contó con el aporte pionero de Juan Isidro Jimenes Grullón, se planteó como estrategia volcar con las patas hacia arriba nuestra historia para sacudirla del marasmo de todos los argumentos fantasiosos, puramente novelesco impregnados principalmente en la aciaga “Era de Trujillo”.

Precisamente en los últimos tiempos, la cúpula de este movimiento de historiografía científica se vio conmovida por un debate de Franklin con algunos de los demás prestigiosos integrantes de esta categoría cimera de nuestra historia. Cuando alguien nos abordaba sobre el tema vinculado a nuestros maestros, siempre manifesté que  se trataba de una contradicción en el seno del pueblo, que las diferencias eran de procedimiento ante un determinado proyecto, que en el fondo no atentaba contra los postulados históricos que ellos sustentaban, con el propio Franklin comenté mi concepto, y confieso que no rebatió mi posición.

La gran contribución de Franklin y este grupo de intelectuales ha sido enfrentar todas las barbaridades que sin argumentos ni documentos que la sustenten han primado en nuestra historiografía para presentarnos un pueblo dominicano pueril, acostumbrado al servilismo, cuando ha sido todo lo contrario. Ellos nos han trazado las pautas por la que transitamos los adherentes a esta corriente historiográfica, que persigue resaltar la verdad histórica.

Franklin, luchador incansable en la brega por presentarnos el verdadero pueblo dominicano combativo contra todo tipo de opresión, aunque ha partido hacia lo ignoto, sus obras y su pensamiento continuaran vigentes. Gloria eterna para el inmenso maestro.