Frente a un extraordinario dilema

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Muchas personas me preguntan por qué dedico tanto tiempo a los temas de la economía internacional, la globalización y la revolución digital, que han roto, virtualmente, todos los paradigmas económicos. Es nuestra humilde contribución a aquellos que analizan nuestra economía que es, preponderantemente, abierta.

El Banco Central norteamericano es la institución financiera más poderosa del mundo. No obstante, hay un gran desfase entre el poderío económico y el financiero. Veamos:

Estados Unidos tiene el 23% del PIB mundial y el 12% del intercambio comercial. Sin embargo, el mercado de Wall Street controla el 55% del mercado accionario mundial. Como consecuencia de esta realidad, el dólar se ha convertido en la moneda reserva, controlando más del 60% del mercado de monedas.

En una situación sin precedentes, en esta crisis que lleva siete años, la Reserva Federal (al igual que el Banco Central Europeo y el chino, etc.) han mantenido los intereses cercano a cero mediante enormes emisiones inorgánicas. En el caso de la Reserva Federal, cerca de 42%. En pocas palabras, el mundo nada en liquidez y con intereses cercanos a cero.

Es evidente que se acerca, imperiosamente, la necesidad de empezar a recoger inorgánicos y aumentar, gradualmente, la tasa de interés. Dada la cantidad que existe en el mundo económico y una tasa de interés real de casi cero, en un ambiente de tantas incertidumbres y, en consecuencia, muy susceptible al contagio económico, nadie puede predecir la reacción exacta de esta acción, pero sí describir dos posibles escenarios:

1. Si los mercados, durante la crisis, ajustaron los precios tomando en cuenta la inevitabilidad de un aumento gradual de intereses, entonces, cuando la Reserva Federal aumente los intereses y recoja inorgánicos, los efectos creados serían manejables. Este es el mejor de los dos escenarios.

2. El otro consiste en un aumento que cause una reacción negativa y, potencialmente, peligrosa. Hay que tomar en consideración que algo paradójico e inédito ha ocurrido: el extraordinario incremento de la liquidez y los intereses en casi cero debieron crear grandes presiones inflacionarias y, sin embargo, ha ocurrido lo contrario.

Al mismo tiempo, la mayor parte de las economías de Latinoamérica, Medio Oriente, Rusia y China continúan con problemas económicos; por tanto, la recolección de inorgánicos y el inicio de aumento de la tasa de interés, podría, por contagio, producir los siguientes efectos: aquellos en posesión de los bonos, ante la posibilidad de nuevos incrementos, buscarán venderlos rápidamente para que sus pérdidas sean menores si esperan que los precios se vayan a desplomar. Habrá poca liquidez (grado en que un activo puede ser comprado o vendido en el mercado sin afectar su precio) y aquellas corporaciones e individuos con estos instrumentos en sus libros podrían tener grandes pérdidas, afectando la posibilidad de un aumento en las actividades económicas y financieras. El dólar se apreciaría, considerablemente, afectando a los países que tengan deudas denominadas en dólares o monedas relacionadas al mismo y afectaría, igualmente, a todo el mercado de materias primas y las naciones que dependen del mismo.

Estamos ante un serio dilema, que solo será contestado cuando se tomen estas medidas en un periodo, conforme a los expertos, no mayor de cuatro meses. Es mi modesta opinión, que si la Reserva Federal procede a recoger lentamente el dinero inorgánico y hacer aumentos pequeños e incrementales, el efecto en la economía sería, en el peor de los casos, limitado. El efecto, de postergarse esta decisión por mucho más tiempo, podría ser, potencialmente, peligroso, puesto que requeriría de medidas más drásticas.
Desde luego, tenemos que comprender que vivimos una situación pocas veces vista en la historia de la economía mundial: un escenario repleto de incertidumbres en medio de una economía global que experimenta cambios disruptivos permanentemente como consecuencia de la interacción de feroces revoluciones: la globalización, la financiera, la energética y la revolución digital que, junto a la computación en la nube, están destruyendo las barreras de entrada y creando una poderosa revolución industrial.
Coordinador técnico:
Iván Kim Taveras.