Frescos, cortos  y  muy primaverales

El vestido ha sido siempre una pieza que se ha impuesto, sin avasallar,  sobre las demás prendas y se ha convertido  por excelencia en un  clásico del ropero femenino. Una imposición que no ha tomado  en cuenta estilos, texturas ni colores.

Por esa razón  merece respeto cuando se habla de  ropa y de tendencia. Se ha mantenido desde el estilo sencillo en colores neutros y clásicos como el blanco y el negro hasta los suntuosos que entran por la puerta grande de los grandes salones.

Sin embargo, en los últimos  años se ha impuesto la tendencia de los denominados “vestiditos”, diseñados y confeccionados con una independencia de estilos, colores y telas que ha calado en el gusto de la mujer joven o que se siente joven.

En el argot de la moda llevan ese calificativo los trajecitos cortos estilo mini y  con gran caída, de un largo que toca la media pierna. El color no importa.

En esta primavera abundan en colores estridentes y parcos, especialmente en estampados de grandes y pequeñas flores, aunque en telas lisas tampoco faltan en los exhibidores de las tiendas citadinas.

Con vuelos, volantes,  mangas, sin ellas, con escotes tímidos  o muy pronunciados, están ahí para realzar la silueta  de aquella mujer que puede y sabe lucirlos.

Esta es la temporada del cruce de colores y en estos estilos lucen divinos, ya estén confeccionados con faldas voluminosas, tipo lápiz, al sesgo y plizadas.

Los que son ceñidos al cuerpo y   tienen drapeados bien estructurados son llevaderos en aquellas personas de cuerpos bien formados, se lucen en las fiestas de cocteles y de otras con tinte de semi informalidad.

¿Las telas? ….. ¡uiii!, infinidad de  texturas desde el tradicional algodón y lino hasta el encantador peau-de-soie o  stretch.