Frijoles en su vaina, una delicia

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MADRID. EFE. A la hora de enumerar los alimentos que cruzaron el Atlántico hacia el Este después de 1492 es de lo más normal que la gente piense en las papas, los tomates, los pimientos, el cacao, el pavo común… Ya es bastante más raro que, entre esos regalos que el Nuevo Mundo hizo al Viejo, alguien se acuerde de mencionar los frijoles, las alubias o habichuelas.

Es cierto que los antiguos europeos conocieron algunas variedades; los romanos Plinio y Virgilio hablan de ellas.  Sus propios nombres son, con la excepción del vocablo de origen quechua “poroto”, de origen europeo. Así, frijol viene de fésol, y éste del latín phaseolus; alubia procede directamente del árabe al-lubiya; habichuela es, claro, un diminutivo de haba; judía… bueno, nadie sabe por qué ése es uno de los nombres de esa leguminosa, aunque no falten teorías de lo más disparatadas.

El hecho es que parece innegable que los europeos conocieron las alubias antes de los viajes colombinos, pero también que, allá a finales del XV, su consumo y hasta su cultivo eran una cosa muy residual… si llegaba a ello.

Fue la llegada de las variedades americanas lo que las relanzó en Europa, y a fe que lo hizo bien, porque no son pocos los platos tradicionales que las tienen como base.

Los españoles somos, en verano, muy aficionados a unas alubias tiernas que llamamos “pochas”.

El diccionario, como suele ocurrir con estas cosas de comer, está aún en Belén con los pastores, quiero decir en otro sitio, y sólo como sexta acepción reconoce que en Aragón, Navarra, el País Vasco y la Rioja se llama pocha a una “judía blanca temprana”.    

Y tan temprana
Las pochas son frijoles ya formados, pero que carecen aún de piel gruesa y se comercializan cuando todavía están en la vaina. Son, eso sí, una delicia… y la única variedad de alubia que tiene muy disminuidas sus consecuencias “gaseosas”.

Los navarros son muy aficionados, y consumen las primeras de cada año coincidiendo con San Fermín.

Combinación perfecta
Las pochas se pueden acompañar con muchas cosas. Con chorizo, en una de las recetas más habituales; con codornices, en la que quizá tenga más prestigio; con algún pescado como el atún blanco, y hasta con almejas, con langosta… Pero, créanme, nada supera unas pochas “al natural”.