Fronteras físicas y fronteras espirituales

Fronteras físicas y fronteras espirituales

Una barrera física disuade y evita incidentes confusos y peligrosos

No conozco a quien no quiera tener una verja que dificulte el acceso de extraños a su casa. Pero una verja, ni cualquier barrera física serán totalmente seguras. Sin embargo, una raya, una zanja o palizada evita que los intrusos aleguen inocencia, y en muchísimos casos, un alambre de púas es la paz entre colindantes. Especialmente si el potencial intruso sabe que el dueño está en capacidad y actitud de que se le respete su territorio.

Hasta el más lerdo de usuario de una carretera siente que la línea sobre el pavimento lo protege de los conductores. Similarmente, nadie se da por inocente cuando tira al suelo los conos de plástico del INTRANT.

Igualmente, nuestra frontera con Haití necesita que los haitianos y todo el mundo sepan que los dominicanos no permitiremos ningún “invento” de organización, grupo o país alguno intente contra la integridad de nuestro territorio y de nuestra nacionalidad. En ningún sentido.

Hay bastante preocupación, creciente, en sectores políticos, nacionalistas, cívicos y patrióticos respecto a lo que ocurre en Haití. Pero no pueden imaginarse, o acaso no saben de historia, que aquí se ha enfrentado al invasor de cualquiera nacionalidad y tipo que haya intentado contra nuestra patria.

También es justo y oportuno decir, que el dominicano es solidario, piadoso y hasta muy cuidadoso en el trato con los haitianos.

Y que tenemos un gran sentido de hospitalidad para los que vienen en orden en busca de refugio y auxilio.
Pero nadie debe tener la menor duda de que dentro de cada dominicano hay una frontera espiritual sólida, inexpugnable; que nos hace capaces de acciones y reacciones valientes.

Lo primero: deben ser advertidos los potenciales y actuales interesados respecto a cualquier incidente territorial en nuestro suelo. Y, desde luego, debe avanzarse la construcción de barreras reales y simbólicas en la Frontera; y mantenerse en alerta a las Fuerzas Armadas respecto a cualquiera imprudencia o perturbación de la paz fronteriza.
Nuestra diplomacia, por su parte, debe estar muy atenta a los movimientos y planes de países, personajes u organismos que pudieren pretender una solución dominicana para Haití.

Aquí hay un país, una patria y un pueblo cultural y étnicamente muy definidos. Estamos muy dispuestos a ayudar a Haití, más que ningún otro país en el mundo. Pero a nadie se le ocurra descubrir que, si fuere necesario, somos bastante otra cosa que merengueros, deportistas y gentes festivas que da la bienvenida con sincero aprecio a los extranjeros que vienen en orden y con respeto a nuestra tierra.

Con barreras físicas y simbólicas ayudaremos a nuestros connacionales y efectivos militares a detectar y evitar incidentes y confusiones en la Frontera.

Apreciamos y valoramos que en presidente Abinader esté asumiendo, como de alta prioridad y urgencia nacional, su compromiso para la construcción de una infraestructura físico-tecnológica apropiada en toda la zona fronteriza. Al tiempo que se preparan los planes para un desarrollo fronterizo inteligente y armonizador de los intereses de las dos naciones.