Fronteras, murallas, parturientas y sobornos

Fronteras, murallas, parturientas y sobornos

No pude visitar un Estado cuyo gobernante pide al mundo que no haya murallas en las fronteras, debido a la cola kilométrica, única opción de entrada.

Pero no es posible siquiera imaginar un mundo sin límites. Principalmente los burgueses, quienes en la Edad Media vivían del otro lado, es decir, fuera de las murallas de los burgos. Por ironía, la gente los llamó burgueses cuando en realidad los habitantes de los burgos eran los nobles.

Los llamados “burgueses” eran los buhoneros y comerciantes que formaban mercados informales del otro lado  de las murallas. Progresivamente, los burgueses de todo el mundo aprendieron a vivir con vallas protectoras, en palacetes y edificaciones fortificadas.

En nuestra frontera, el tema más reciente respecto a los inmigrantes, ha sido el de las parturientas. Países, delegados y ONG locales critican que a veces no se las atienda en hospitales nacionales.

Hay, desde luego, muchísimos dominicanos muy deseosos de que seamos buenos samaritanos con los haitianos, muy especialmente con mujeres que están buscando ayuda médica especializada para dar a luz.

Ocurre, sin embargo, que hay dos tipos de parturientas haitianas; las muy pobres que residen o llevan tiempo viviendo en el país; y las (no tan pobres), que diariamente pagan soborno a militares y autoridades, para atravesar la frontera, procurando servicios gratuitos de salud que no tienen allá, o no tan buenos o convenientes como los de nuestros hospitales. 

Son dos asuntos que deben ser tratados aparte. De hecho, no es el caso que los hospitales del país les nieguen asistencia de salud a las parturientas “residentes”.

Pero tampoco a las que vienen a diario desde su país, pagando soborno a autoridades locales. Caso, este último, que amerita un riguroso seguimiento de investigación para identificar la red de soporte que existen entre militares y autoridades de migración; asunto del que se habla muy poco, y que las autoridades superiores no parecen estar tan dispuestas a afrontar como corresponde.

Lo cual debe preocuparnos, porque se trata, muy probablemente, de la misma red “permisiva”, traficante de seres humanos y de elementos cuya importación está prohibida o regulada de manera estricta.

En una encuesta (Gallup) reciente, la gran mayoría de los dominicanos (72%) está a favor de que las mujeres haitianas que residen o llevan tiempo viviendo aquí, sean atendidas en nuestros hospitales y servicios de salud como a cualquier ciudadana dominicana.

Pero una mayoría (menor, 58%) se mostró opuesta a que se reciba en hospitales  nacionales a las parturientas que entran ilegalmente o bajo soborno a autoridades fronterizas.

Por otra parte, es oportuno determinar qué están haciendo Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud (PAHO) y demás, respecto a las parteras de Haití, ya que, durante décadas, se ha estado entrenando a las parteras y a los practicantes de la medicina folklórica, Fronteras, murallas, parturientas y sobornos.

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