¿Fue el PLD alguna vez boschista?

Luis Scheker Ortiz

La pregunta no es cínica ni capciosa. Amerita que algún historiador o politólogo de los que se interesan en escudriñar los hechos y sus motivaciones, investigue a fondo las causas y diversas circunstancias que movieron al Profesor Bosch a incursionar en la política, luchar contra las dictadura de Trujillo, crear en el exilio un partido de vocación democrática y nacionalista, (PRD), para ganar a su regreso, de manera abrumadora, con su prédica, su moral política y su ejemplo de vida, las primeras elecciones libres luego del ajusticiamiento de Trujillo, limpiamente, oponiéndose a la derecha conservadora y a la clase oligárquica reaccionaria que se adueñara posteriormente de las empresas y bienes del Estado; y dejar un dechado de gobierno austero, honesto, trasparente, defensor de las libertades públicas y los derechos humanos, del patrimonio y de la soberanía de la nación, de los recursos naturales, en el marco de una Constitución eminentemente democrática, liberal y progresista, siendo derrocado por un golpe de Estado.

Investigar su “alto nivel de radicalización, su actitud positiva hacia la revolución cubana, y su definida y enérgica actitud antiimperialista” (Narciso Isa) a raíz de la intervención norteamericana en el golpe de Estado y en el grotesco desembarco de 42,000 marines para aplastar la hermosa epopeya de abril del 65, que lo lleva a comprometerse con su partido, PRD, y la izquierda revolucionaria a apoyar el liderazgo del Coronel Caamaño y pugnar por el derrocamiento del régimen despótico balaguerista, opresor, criminal y corrupto, para instalar un gobierno honesto, revolucionario, con apoyo popular y militar.

Habría que indagar qué motivos le llevaron a romper con el Héroe de Abril, a raíz de su expedición guerrillera y, más allá, romper con su amado discípulo, José Francisco Peña Gómez, víctima de la intriga, y con la base de su partido para fundar uno opositor, el PLD, disciplinado, adoctrinado sus cuadros y dirigentes “para servir al pueblo” y encarnar, con su quehacer político, su actitud y comportamiento sus sueños irredentos, sus principios éticos, ontológicos.

¿Estuvo Bosch complacido con su nuevo partido morado? Pasados los primeros años de enseñanzas, esperanzas y frustraciones ¿Estuvo su dirigencia plenamente identificado con el pensamiento revolucionario, anti oligárquico, anti imperialista, de Juan Bosch y la Dictadura con Respaldo Popular? Evidentemente que no. ¿Qué pasaba entonces por su mente, por su corazón? Al presentar su renuncia, con carácter irrevocable, de la presidencia de su partido, el ex presidente de la República denunció “que en la organización se ha formado una corriente oportunista que solo está interesada en escalar cargos públicos y obtener dinero.” Bosch entonces no identificó a ese grupito que hoy bien conocemos por su vida muelle y sus desmedidas ambiciones selladas de corrupción.

Lástima grande que Don Juan no hubiera mantenido su decisión de renuncia irrevocable.

Se hubiera economizado numerosos sinsabores y desengaños, como la suplantación de su liderazgo político, por el del Dr. Balaguer, manchado por la historia. Y aquel grotesco espectáculo, cargado de odio y de racismo, cuando su brazo impotente, ya sin voluntad, fue levantado por la reacción y la oligarquía criolla en aquel fatídico “Pacto Patriótico”, olvido de sangre derramada y de alta traición.