“Fuera de lugar”, arte contemporáneo
joven en San Cristóbal

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MARIANNE DE TOLENTINO
Muy positivo es el hecho de que nuevas generaciones de artistas y de curadores dominicanos surjan, demostrando o fortaleciendo preocupaciones distintas de difusión y creación. Así, presentar exposiciones fuera de Santo Domingo y en sitios no convencionales, pensar en en el gran público, incluir performances como una categoría artística cotidiana, es una iniciativa muy plausible y da resultados notorios.

En el centro de San Cristóbal, frente al parque, acaba de celebrarse una exposición colectiva cuyo nombre la define: “Fuera de lugar”. En efecto se presentó en un establecimiento, de los que llamamos de comida rápida, Pollo Rey. Casi nadie hubiera creído que podía recibir una muestra de arte contemporáneo y actividades de animación relacionadas con su contenido. El experimento funcionó y debe continuar.

FUERA DE LUGAR, PERO BIEN UBICADO

Contrariamente a lo que usualmente se piensa, existe una receptividad en sectores ajenos al circuito institucional y empresarial del arte, tanto para exhibir las obras como disfrutarlas. Es evidente que, salvo excepciones, el mercado aquí no entra en consideración, y que el objetivo es popularizar auténticamente el arte, hacerlo descubrir a quienes difícilmente tienen la oportunidad de verlo y tal vez reclutar espontáneamente a futuros visitantes de exposiciones, museos y galerías.

La iniciativa partió de Fermín Ceballos, un artista sancristóbalense, que ya se había hecho conocer y valorar como creador contemporáneo muy joven. En cierto sentido, él rompió con sus comienzos, a pesar de los triunfos, y decidió no solamente independizarse, sino militar en favor del arte joven, usualmente tratado como una vanguardia para contados públicos. Lo acompañó en la propuesta de San Cristóbal, una crítica de arte y curadora en cierne, Sayurí Guzmán, cuya pasión por la “performance” (1) se ha vuelto creciente y activa.

Ambos organizadores encontraron una actitud más que favorable. Aparte de que les cedieron paredes y espacios para las obras, se produjo –sin tener que buscar patrocinio– un catálogo, ¡menú y mantel individual!: el comensal desgustaba su plato al mismo tiempo que podía enterarse de la exposición y mirarla… También se aceptó que se desarrollase un programa con performances, talleres y charlas… que concitaron un inesperado interés. Inteligentemente, artistas y organizadores nuncan olvidaron el fin primordial del lugar, y el montaje se realizó con discreción, atento a no molestar el desenvolvimiento del negocio.

OBRAS Y ARTISTAS

“Fuera de lugar” es una exposición muy variada, que comprende pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones y performances –la categoría sobresaliente del evento–. Los expositores son David Pérez, Cristina Hernández, Regina Galindo, Anny Concepción, José Pelletier, Carlos Andújar Regalado, Patricia Castillo, Luis Reyes Guzmán, Fermín Ceballos. Todos pertenecen a las dos últimas generaciones de la plástica, 1990 y esencialmente 2000, repartiéndose entre muy emergentes y artistas con cierta notoriedad.

La parte pictórica –Anny Concepción, Luis Reyes Guzmán, Carlos Andújar, Patricia Castillo– sin duda fuerte, con metas de renovación, porvenir individual y un repunte del neo-abstraccionismo, es la más discreta en el contexto de la contemporaneidad dominicana, presentando Luis Reyes Guzmán el mensaje más duro y concienciador de una época perdida –¡todos somos responsables!–.

El “espacio vacío” nos permite imaginar una obra, evocando musicalmente la composición de John Cage, que era puro silencio al piano… y se poblaba con los suspiros y la tos de los oyentes. Las fotografías experimentales –José Pelletier, Cristina Hernández– se ubican en la nueva expresión fotográfica, digital y simbólica, en busca de efectos ópticos más que de representación, pero sin pictorialismo. Sus pequeños formatos, acordes con los espacios disponibles, sin embargo no favorecen un impacto perceptivo.

No cabe duda de que el Corazón de Azúcar de Fermín Ceballos, situado casi a la entrada, causa impresión en los clientes. Ofrece lecturas múltiples: exquisito manjar y alegoría del lugar, objeto oblativo que transmite la entrega del autor al arte, y –¿por qué no?– el corazón del ciervo que el cazador de Blanca Nieve colocó en el cofre para salvar a la princesa. Es otra faceta del talento de un artista, cuyos dotes y facilidad de asimilación deben elogiarse y cuidarse de un entusiasmo insaciable.

LAS PERFORMANCES

Las performances, una década atrás, balbuceaban todavía en nuestro país, y Silvano Lora era su mejor creador, combinando dibujo, pintura, sonido, mensaje, movimiento, actuación. Se trata de una categoría delicada y polivalente, que no debe caer en el teatro ni desbordar demasiado en las artes visuales. Somos partidarios de un registro en video, pues, por su naturaleza, se aproximan al arte conceptual y dejan rastros solamente en la memoria y los proyectos de los autores.

Infortunadamente no las pudimos mirar en San Cristóbal. No obstante, tuvimos ecos muy favorables, y las fotografías tenían elocuencia. Cabe señalar que un elemento fundamental de los nuevos “performers” dominicanos es, más allá de la expresión corporal, un cierto sacrificio –sino sufrimento físico–, siguiendo los lineamientos de Ana Mandieta y artistas cubanos, por supuesto sin llegar a la demencia de los ‘happennings’ de la Escuela de Viena.

David Pérez, el más destacado artista de performance en la actualidad, para la ocasión Karmadavis, en A.R- chivo, denuncia las dictaduras, los verdugos y sus botas, que dejan marcas indelebles en ciudadanos y víctimas. En Picacebollas, Regina Galindo cortó y desmenuzó dos sacos de cebollas, llorando, salivando, sollozando, en una alegoría del dolor de la mujer y su esclavitud doméstica. Sayurí Guzmán y Fermín Ceballos, vestidos de blanco, en “El Abrazo”, radiante de pureza y de ternura, y que duró varias horas, simbolizaron el amor en la humanidad, el amor en el arte, el amor en la vida. Varias parejas se formaron…

El éxito coronó a “Fuera de lugar”, tanto a la exposición como las performances y el programa de actividades en general. Esta experiencia debe repetirse, y este mismo evento podría montarse en sucursales del mismo establecimiento. ¡Bravo!

(1) Decimos aquí un performance, pero es una palabra femenina. Lo correcto sería: la performance.