Fuertemente arraigados

Cuando hablamos de patrones, es preciso entender que un patrón tiene 3 elementos: Pensamientos (los que tenemos acerca de nuestro mundo circundante y por los cuales conformamos nuestro sistema de creencias que dan forma y estructura a nuestra realidad interior y exterior), Emoción (generados por pensamientos repetitivos), y Acción (la cual nos la lleva a realizar nuestra forma de pensar y sentir).
La manera en que nuestros ancestros han vivido sus relaciones, han marcado una crianza específica, y viviendo esto en generación tras generación, se vuelve un patrón: que es ese comportamiento común que se repite a través de las personas y el tiempo.
Estuve viendo, que desde chiquiticos y hasta los 7 años aproximadamente, funcionamos como una grabadora que registra todo lo que sucede en el entorno familiar sin cuestionarlo, y es por esto que muchos de los patrones de nuestros padres pasan a ser nuestros, los interiorizamos y los perpetuamos a nivel inconsciente, es decir, sin darnos cuenta.
Pero resulta, que lo que no sabemos es que estos ya definidos patrones tienen una fuerza muy poderosa, porque se insertan en nuestra memoria incluso desde que estamos en el vientre de nuestra progenitora, y a lo largo de nuestra vida buscamos, de forma inconsciente, copiarlos o repetirlos.
Para mí, lo preocupante de esto es que sin tener la capacidad de contar con un mecanismo de discernimiento lo suficientemente desarrollado como para que podamos realizar una labor de descarte, estos patrones familiares heredados sean funcionales o disfuncionales, los vamos interiorizando sin filtro alguno.
La tendencia humana de repetir modelos o patrones hace que provoquemos que nuestro hogar sea, más o menos parecido al que tuvimos en la infancia. Pero realmente es de adultos, cuando en el mejor de los casos empezamos a cuestionarnos los patrones heredados, porque siempre es bueno que revisemos, y hagamos consciencia de esa “limpieza” que necesitamos hacer en nuestro ser, porque a pesar de que en su momento quizás nos ayudaron a sobrevivir en el entorno familiar, la realidad es que probablemente hoy estén saboteando nuestros proyectos y metas. Y no es menos cierto, de que sea posible que cuando empecemos a revisar estos patrones nos demos cuenta de que muchos de ellos están obsoletos y nada tienen que ver con la persona que ahora somos o deseamos ser.
or supuesto, hay mucho implicado en ello, pero es vital que comencemos por reconocer esos patrones. Es básico que podamos identificar esos patrones que arrastramos, que créanme, no es nada sencillo hacerlo, se requiere de una auto observación muy minuciosa y objetiva de uno mismo. Se dice que una persona debería estar resuelta o completa para ser capaz de educar con el mínimo de errores, y ahí es donde radica la importancia de resolver nuestra propia problemática psicológica antes de tener hijos.

El motivo principal por el que cuesta tanto cambiar un patrón es porque está fuertemente arraigado a lo largo del tiempo, digamos que es algo muy sólido o consolidado y poco plástico, por eso es absolutamente necesario tener la suficiente convicción de que queremos cambiar el patrón disfuncional. Si realizamos un trabajo constante y con propósito en nosotros mismos, tendremos la gran oportunidad de dejar eso que simplemente NO queremos repetir y configurar el modo en que nosotros queremos desarrollarnos y vivir nuestra vida.