Fumata desata corre y corre

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CIUDAD DEL VATICANO (AP).- Fue la misma vieja confusión con decenas de miles de peregrinos aplaudiendo y dando vivas, para segundos después quedar en silencio al comprobar que era negro el humo que salió el lunes de la chimenea de la Capilla Sixtina.

Poco después de las 8:00pm (18:00gmt) dos débiles volutas de humo blanco salieron de la chimenea provocando aplausos y vivas, gritos de “bianco, bianco”, o blanco en italiano, así como “papa” “papa”.

Pero la salida de humo se detuvo por segundos. Tampoco se escucharon las campanas, segunda señal acordada por el Vaticano para anunciar que los cardenales reunidos en el cónclave han llegado a un acuerdo o elegido un nuevo pontífice.

Después, una gorda nube de humo, humo negro que se mantuvo por más de cinco minutos elevándose al cielo. Cientos de flashes de cámaras sobre la chimenea en un intento de captar el humo.

“Esto es muy emocionante, incluso que salga negro”, dijo Olga Zerpa, una dermatóloga venezolana de 40 años. “Es también intrigante, porque uno no sabe lo que está pasando adentro” en el cónclave, agregó Zerpa, quien junto a su esposo y un sacerdote colombiano, John Jairo Osorio, de 32 años, se abrazaron y saltaron gritando “papa” “papa” al ver las primeras volutas blancas de humo.

El trío, absolutos desconocidos y reunido por coincidencia en la Plaza de San Pedro, de pronto se quedó quieto en silencio al comprobar que el humo era negro. “Nos vemos mañana aquí”, dijo el sacerdote Osorio, acordando reunirse con el matrimonio venezolano el martes en una misma esquina de la plaza para la próxima ronda de escrutinio de los purpurados.

La plaza se vació rápidamente con miles de personas comentando en varios idiomas lo sucedido y saliendo a pie por la Vía de la Conciliazione, acceso principal a la Basílica de San Pedro, que fue cerrada por la policía al final de la tarde del lunes.

La confusión del lunes se ha producido en otros cónclaves, como el de octubre de 1958 cuando incluso ante las volutas blancas un sacerdote de Radio Vaticano proclamó “tenemos papa”, según despacho de la AP de aquellos años. Desde entonces el Vaticano ha intentado añadir componentes químicos a las boletas de votación de los cardenales para que cuando se queman en el hornillo en la Capilla Sixtina, el humo sea definitivamente negro. Para este cónclave, las autoridades decidieron añadir el repique de campanas.

No se espera una declaración del Vaticano sobre lo sucedido.

Cuándo exactamente se comenzó a utilizar la señal de humo –blanco para anunciar que hay papa o negro para proclamar el fracaso de una votación– no está claro, pero sí que es una práctica continua desde por lo menos 1878.

Mañana “también estaré viendo la chimenea, pero además de eso le estaré rezando a Juan Pablo para que ilumine a los cardenales para escoger al correcto”, dijo Sonia Paz, portera en una residencia universitaria. “Yo tengo la seguridad que él está en el cielo y desde ahí nos mira aquí”, agregó Paz, una brasileña de 35 años.

El lunes por la tarde comenzó dentro de la Capilla Sixtina el cónclave de los 115 cardenales electores que decidirá quién será el sucesor de Juan Pablo II, fallecido el 2 de abril a los 84 años. Se anticipa que la votación podría prolongarse algunos días.

Llenos de emoción, pero reconociendo el peso de la responsabilidad que recae sobre los cardenales para escoger al sucesor del carismático pontífice, muchos en la plaza dijeron no querer estar en los zapatos de los purpurados.

Otros no ven la hora de que salga humo de la chimenea instalada en la Capilla Sixtina.

“Es un momento inolvidable para el resto de mi vida”, dijo Mariana Días, una arquitecta brasileña de 27 años. “Lo guardaré en mi corazón”, agregó sollozando mientras seguía una misa que temprano se celebró en la Basílica de San Pedro, en una de las pantallas gigantes colocadas en los costados de la plaza. Horas después de la misa, los cardenales comenzaron su reunión.

“Me quedaré en la plaza aunque sea en una bolsa de dormir”, aseguró Kathy Mullen, de Boston, Estados Unidos. “Es increíble estar aquí. El último Papa (Juan Pablo II) fue muy especial”, agregó Mullen, una escritora de 49 años.

Los cardenales, recuerda el padre argentino Javier Urquiz, se reúnen en una capilla decorada con el famoso fresco del Juicio Final, de Miguel Angel, “una imagen muy poderosa porque esto no es un trámite de sólo entrar y salir, es difícil para ellos. Deciden por mil millones” de católicos en el mundo.

“Es difícil ponerse en su lugar (el de los cardenales)”, agrega Urquiz, porque “deben leer lo que Dios les quiere decir para el mundo y eso no es fácil. Hay que verlo con fe, si no luce como algo arreglado y no es así”, dijo Urquiz, de 36 años, quien está a la mitad de su licenciatura de dos años en teología en una universidad en Roma.