G20 y Club Bilderberg

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El G20 lo componen los Ministros de Finanzas y Gobernadores de los Bancos Centrales de Alemania, Italia, Canadá, Japón, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia (países que integran el G-8), más Australia, India, China, Indonesia, Corea del Sur, Arabia Saudita, Turquía, Argentina, México, Brasil, Sudáfrica.
Hace unas semanas el mundo occidental ponía sus ojos en la llamada cumbre del G20. En un mundo globalizado, algunas voces piden una gobernanza mundial. Resulta extraño que quienes dicen abanderar en sus países la democracia, se erijan, de manera “autocrática”, en nuestros gobernantes mundiales. Nada más parecido al Antiguo Régimen, donde los estamentos privilegiados diseñaban los caminos por los cuales sus súbditos debían caminar sin desviarse. Uno de los compromisos y metas del G20, entre otros, recogidos en la histórica declaración de Washington “Nosotros, los líderes” (16 de noviembre del 2008), en la fase inicial del tsunami financiero, fue “trabajar juntos para restablecer el crecimiento global y alcanzar las reformas necesarias en los sistemas financieros mundiales”, ese, y la mayoría de sus propósitos siguen sin cumplirse, y lo peor es que la situación sigue siendo muy preocupante. Las víctimas no entienden de falsas esperanzas. Hoy hay más pobres y más pobreza. Hoy el mundo es más inhóspito. Las víctimas son más y la injusticia social es mayor.
El G20 es una extensión del G8, compuesto por los países más industrializados o ricos del planeta. Ese G8 es un invento de Valéry Giscard d’Estaing, más conocido por ser el padre de la frustrada Constitución Europea. Este nace con una motivación energética, pero las agendas son abiertas por conveniencia y los temas a tratar dependen del contexto mundial y de los intereses económicos de estos países.
Un grupo similar es el Club Bilderberg, posiblemente menos conocido que el Foro de Davos pero más influyente. Este club pretende supervisar y dirigir el destino del mundo a través de la política y la economía mundial utilizando varios métodos, empezando por la banca.
Se dice es el club privado más poderoso del mundo. Se creó en 1954 para propiciar un diálogo entre ricos, poderosos, líderes políticos, académicos y representantes de medios de comunicación de Europa y Norteamérica. El propósito inicial era hacer política común contra Rusia y el comunismo. Dicho propósito era “hacer un nudo alrededor de una línea política común entre EE UU y Europa en oposición a Rusia y al comunismo”.
Como pretende dirigir el mundo, ellos creen, y quizás es verdad, que tienen más poder que el presidente de Estados Unidos.
Se especula que la muerte de John Kennedy fue una de sus decisiones. Sus reuniones son tan secretas que ni siquiera los escoltas pueden presenciarlas y nunca son conocidas por la opinión pública internacional. El club pide a los invitados que no citen lo dicho por otros “para asegurar que los participantes sientan que pueden hablar libremente en un ambiente de confianza”.
Entre sus fundadores, en 1954, únicamente vive David Rockefeller, conocido por ser presidente del banco Chase Manhattan (actualmente JP Morgan Chase & Co). El principal propulsor de esta iniciativa fue el Príncipe Bernardo de Holanda, miembro de las juventudes hitlerianas y condenado por tráfico de armas, pero fue indultado por la Jefa de Estado: su mujer.
Familias como los Rothchild, los Orange-Nassau o los Rockefeller y empresas como British Petroleum, American Express o Coca Cola, han estado presentes prácticamente desde la primera edición. Según expertos, desde la presidencia de Eisenhower, todos los presidentes estadounidenses han pasado antes por el Club: Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre e hijo, Clinton y Obama.
Entre otros quehaceres, este grupo ha catapultado al poder a personajes como Bill Clinton y Tony Blair. La importancia del mismo obligó a buscar a nuevos financiadores. Y lo encontraron en Wallenberg, máximo accionista de empresas como Electrolux, o Ericsson. Éste intentó colocar a algún conocido o familiar cercano en puestos de poder. El marido de su sobrina es Kofi Anan. Por último, otro de los miembros catapultados por este club es Vladimir Putin, presidente ruso al que las encuestas previas a su primera elección le daban un 5% de votos. Una serie de atentados en Moscú atribuídos a chechenos le bastó para alcanzar el poder. Desde entonces, 30 periodistas rusos contrarios a su política han sido asesinados sin conocerse las causas. Putin también tiene intereses en una empresa rusa llamada Alpha Group, a la que pertenece a su vez una compañía suiza propietaria del barco Prestige.
Se dice que este club maneja la política internacional a tal grado que allí se eligen presidentes antes de que los pueblos voten, las crisis económicas antes de que asomen sus narices y las guerras antes de que existan razones para ellas.