Galería de tontos

Baño de imágenes lo llamaba Marshall McLuhan, y su descripción consistía en apelar al intenso disparo recreado desde perspectivas diversas que, casi siempre, andan pescando una ilusión en el receptor. Lo que todavía no logra rebasar es la capacidad de burla al resto de la sociedad, que con la inteligencia e intuición deslinda los campos anulando que el bufón de turno se transforme en sujeto de crédito y respetabilidad. En el fondo, la gente ausculta y no se deja confundir.
La vida intelectual arrodillada en medio de la tiranía trujillista conocía perfectamente de las limitaciones formativas de María Martínez, y a la vez, celebrara el nacimiento de “su” obra dramática, titulada Falsa Amistad. Aunque la prestigiosa compañía teatral de María Teresa Montoya la puso en escena, todos sabían que José Almoina había puesto su talento. Del otro lado de la moneda, un hombre de incuestionable formación como Antonio Fernández Spencer, se derretía en la genuflexión poética diciendo: Trujillo es la alegría/ por los caminos del maíz/ de la sonrisa.
Superado el viento estremecedor que por 31 años conculcó libertades, las oportunidades llegaron a todos, generando la sensación de que los requerimientos indispensables para el servicio público no demandaban de herramientas singulares para el justo desempeño. Así Coride se hizo aspirante, Lajara Burgos intentó una candidatura presidencial y hasta el Chino Pichardo entendía que podía acompañar a su líder de candidato vicepresidencial. Y en el litoral militar, Radio Clarín, el Perla Antillana y Alas del Caribe eran los rastros del crecimiento patrimonial de Nivar Seijas que hicieron del ámbito policial-militar un despeñadero de acumulación y sangre capaz de exhibir a plena luz del día el 11 de abril de 1971 al coronel Guarién Cabrera Ariza asesinando en el restaurante La Posada a dos ciudadanos, y dos años más tarde era ascendido a general de brigada.
Los vientos democráticos del PRD hicieron del congreso un escenario policlasista que reunía en un mismo escenario a Juan Mañón y Felipa Gómez con el historiador Hugo Tolentino y el siempre punzante Miguel. A. Velásquez M. La altísima dosis de chalecos y sed por mudarse en el barrio El Millón retrataba a un sector político sediento de ascenso social. Y en el justo balance de errores inexplicables, el talento inigualable de Juan Bosch lo penetró la pasión para afirmar que lo aconsejable, con posterioridad a la victoria de mayo de 1978, era la creación de una junta cívico-militar. Joaquín Balaguer designó como responsable del Ministerio de Hacienda un médico sin ningún tipo de experiencia en el área. José Francisco Peña Gómez hizo una interpretación primitiva frente al acoso de sus allegados al repartir en dos y dos los espacios legislativos.
Aquí existe una reiterada fascinación por creer que es posible burlarse de todo el mundo porque se tienen los resortes del poder y se pueden alquilar plumas, conectar comentaristas a la nómina pública, revestir de juramentaciones e ingresos a un club de filibusteros que sus “saltos” constituyen la prueba irrefutable del descrédito del sistema de partidos. Es una galería de bobos que pretenden tomarle el pelo a una sociedad que no es la misma, y con bastante inteligencia, posee información excepcional para darse cuenta de los cambios de criterios respecto de un político están acompañados de ventajas económicas que conquistan a profesionales de todas las áreas afanados por principalía y deleitados por las ventajas que asigna su cercanía con ministros todopoderosos y capacidad de conectarlos a las redes de ingresos abundantes.

La vida política nuestra es rica en el ejército de idiotas que se quedan en el camino y se llenan de frustraciones por hacer del acomodo jurídico y partidario su razón de ser. Apuestan al olvido, y sus piruetas podrán llenarle los bolsillos, pero tendrán seguro el desprecio ciudadano porque nadie en el país concita niveles de respetabilidad haciendo de sus saltos conceptuales y brindar sus servicios al mejor postor, fuente de decencia y distinción pública.

Intrigantes como siempre, talentos sin probidad, opacos en su operatividad y deseosos de que sus miserias privadas sean un fenómeno generalizado para justificarse y llenar lagunas existenciales que no se borran con cuentas en dólares ni la gracia del poder. Todo ciclo termina, y la galería de tontos tendrá nuevos exponentes cuando concluya el actual circo.