Galloloquismo político

POR JOSÉ MIGUEL CARRIÓN
Por el desagradable espectáculo que dan los peledeístas tras la candidatura presidencial y la postura que han asumido muchos “antirreleccionistas” en contra del presidente Leonel Fernández, nos convencemos de que el “galloloquismo” político no es exclusivo del PRD, organización en la que se han producido las más graves luchas fratricidas en eventos de esta naturaleza o, simplemente, por un puesto dirigencial.

Parece que esos peledeístas, abanderados de la antirreelección, no se dan cuenta de que el partido de gobierno es el punto focal de adversarios que se mantienen al acecho para darle categoría de crisis a cualquier enfrentamiento interno que experimenten, por leve que sea. El hecho de que el PLD evolucionó de partido de cuadros a uno de masas y porque es actualmente el partido gobernante, lo convierten en la organización a la que hay que atacar y resaltar todos sus males o problemas.

Hay quienes dicen que esta organización se parece cada vez más al PRD, que se ha alejado de los postulados de su fundador Juan Bosch y que su lema de “servir al partido para servir al pueblo” no pasa de ser un simple slogan político sin contenido. ¿Son justos estos cuestionamientos? Pienso que no, pero los peledeístas, es evidente, no dan con la fórmula para rebatir con argumentos creíbles a sus contrarios.

Los enfrentamientos internos del PLD llaman tanto la atención porque es la primera vez que las aguas llegan al nivel actual. Además, pocos imaginaban un enfrentamiento entre el presidente Leonel Fernández y su pana Danilo Medina, a quien se ha querido vender como el único artífice de las dos victorias presidenciales del partido morado.

Los peledeístas siempre resolvieron institucionalmente sus problemas, agravados en esta ocasión por el sector que encabeza el aspirante presidencial Danilo Medina, a quien le han hecho creer que la representación del partido en las elecciones del año que viene debe recaer automáticamente en él, que las dos veces en que Leonel Fernández ha sido Presidente de la República ha sido con el único propósito de allanarle el camino.

Error, porque así como en nuestro país el poder no se hereda, los lideratos tampoco y ya Medina tuvo su oportunidad, aunque la postura asumida por muchos de sus seguidores no guarda relación con la filosofía que ha normado y caracterizado la disciplina interna del Partido de la Liberación Dominicana.

Leonel Fernández es la garantía que tienen los peledeístas de redituar el triunfo electoral del 2008, situación que parecen entender los danilistas, quienes se han dejado envolver por analistas interesados que sólo defienden sus propios intereses, pues juegan más de una base porque ganan como quiera, sea con Danilo o con el ingeniero Miguel Vargas Maldonado.

Son mínimas las posibilidades de que Danilo Medina gane las elecciones presidenciales del 2008 ante un candidato como Vargas Maldonado, quien cuenta con un PRD en apariencia unificado, que se muestra cauto y calculador.

Los danilistas deben cuidarse de no transitar un camino sin retorno. Es el cuidado que deben tener en torno a la figura presidencial de Leonel Fernández, actualmente el principal activo con que cuenta el país.

Deben cuidar los insultos y las palabras soeces para que no marquen una distancia que luego les sea imposible superar. Deben cuidar por igual el futuro político de su líder Danilo Medina, cuyo lenguaje también ha sorprendido al país político, que no asimila en él una postura de tanta beligerancia contra su tradicional aliado.

La estrategia de campaña de los danilistas puede funcionar como reseña periodística, pero no para su proyecto político y ellos, más que nadie, deben actuar con visión de futuro. El galloloquismo político sigue presente en el país.